Conocí a Salva a través de las redes sociales, interactuando con el en un grupo de facebook, pronto coincidimos en nuestra manera de ver las cosas respecto a nuestro club, no en todo evidentemente, discrepábamos en cuanto a la calidad de algunos jugadores de la plantilla, la educación con la que siempre comentaba hacia agradable leer sus respuestas.

Al cabo de un tiempo en una reunión de grupo nos pudimos conocer y darnos un enorme abrazo, tanenorme como era él. Desde ese día y sabiendo que vivíamos cerca quedábamos para ir o venir juntos de Cornellá, ver los partidos con Salva era genial, un compañero de grada cojonudo ( perdón por la expresión) él era una de esas incansables voces que están los noventa minutos animando, dejándose la garganta en cada gol, pero sin decir ni un solo insulto cuando llevaba a su hijo al campo, ya sabéis…*De padres a hijos desde 1900*.

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Las idas y venidas a Cornellá y las previas de partido hicieron que nuestras conversaciones pasaran a ser más variadas, desde nuestras habituales charlas sobre el resultado del partido hasta cosas más familiares, nuestros hijos se conocieron y jugaban juntos en la Dani Jarque cuando íbamos a ver los partidos del femenino, ya no éramos conocidos, ya éramos amigos.

Recuerdo con gran cariño la pasión que Salva tenía por los callos, otra pasión que también comparto con él, un día quedamos en casa de un amigo en común y aparte del atracón de comer que nos dimos, fueron tantas las risas que casi me atraganto con un garbanzo.

Los trabajos de ambos, las obligaciones del día a día…no sé bien porqué pero “como siempre” ahora me parecen pocas las veces que nos hemos reunido. Era un hombre grande, humano, con muchos aciertos y por supuesto algunos errores, pero un gran hombre, un buen hombre, un grandísimo perico.

Descansa en paz amigo mio.

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