Hoy podemos leer en el diario EL PAÍS un excelente y sobre todo aclaratorio artículo de Alfredo Relaño, director de AS, donde explica muy bien detallado la fundación del Espanyol y la de Barça, a nuestro Espanyol lo crearon barceloneses, y al Barça, suizos y otros extranjeros. Esa es la tozuda realidad, que tanto molesta en el club azulgrana.

El director de AS asegura que el Espanyol ha luchado durante toda su historia contra la mentira utilizada por el barcelonismo para hacer creer a base de repetir un millón de veces la mentira de que el Espanyol era un club sin raigambre barcelonesa, y Piqué no hizo más que profundizar en esa mentira el pasado domingo, el central azulgrana deseoso de notoriedad y aplausos de su afición volvió a repetir esa mentira, pero en este caso incluso rozando la xenofobia.

Les recomendamos la lectura íntegra del artículo de Alfredo Relaño, para conocer la realidad de la historia, de un club y de otro. Las mentiras por repetirse un millón de veces, no se convierten en realidad.

Por su interés reproducimos el artículo íntegro de Alfredo Relaño, publicado en el diario EL PAÍS:

Por qué el Espanyol se llamó Español

El Barça fue creado por un suizo y otros extranjeros. En el vecino todos eran barceloneses

Piqué quiso hacer de menos al Espanyol al citarle como Espanyol de Cornellà. Con ello no venía sino a sumarse a la insistencia histórica del barcelonismo de tratar al rival como algo forastero, sin verdadera raigambre barcelonesa. Es algo contra lo que el Espanyol (antes Español) ha luchado toda su vida, sin éxito. Fue creado en 1900 como Sociedad Española de Foot-Ball, en el seno de la Federación Gimnástica Española, mítica agrupación deportiva barcelonesa, pionera en España. Al año, esa Sociedad Española de Football cambió su nombre por el de Español, manteniendo la pretensión inicial de hacer hincapié en su condición de equipo autóctono. El Barcelona había sido creado por un suizo, Gamper, y entre sus fundadores había más apellidos extranjeros. En el Español todos eran locales, universitarios barceloneses. Cuando nació, existían un equipo llamado Catalá y otro llamado Hispania, y ellos optaron por el nombre de Español.

Aquel nuevo equipo empezó jugando de amarillo porque uno de sus afiliados, comerciante textil, proporcionaba esa tela, quizá porque no la vendía bien. Así que fueron canarios antes que pericos. Luego pasaron al blanco. Las rayas blanquiazules llegan en 1910, iniciativa de Eduardo Corrons, luego socio número 1 durante muchos años. Según cuenta Segura Palomares en su historia del club, para la camiseta y el escudo se inspiró en el escudo de armas de Roger de Lauria. Buscando, según la misma fuente, “asociar al club con el espíritu aventurero y al tiempo sintetizar el amor a su tierra y a sus tradiciones”.

Pero siempre nadó río arriba en su empeño por ser aceptado como barcelonés en determinados sectores. A medida que el profesionalismo fue haciendo desaparecer a otros clubes de la ciudad, Barcelona y Español quedaron mano a mano y esa rivalidad se fue trufando de interpretaciones políticas ya desde sus primeros tiempos. El Español solicitó y obtuvo en 1912 la concesión del título de Real por parte de Alfonso XIII, como varios otros clubes españoles. El Barça nunca aspiró a tal cosa.

El mismo apelativo de pericos, hoy asumido con naturalidad y agrado por sus partidarios, tiene un origen despectivo, según una interpretación muy extendida. En los años 20 existió una revista deportiva, satírica y de tinte nacionalista, que para hacer de menos al Español decía que a su campo acudían “cuatro gatos”. En sus dibujos (espléndidos, por lo demás), aparecían siempre las graditas vacías y cuatro gatos repartidos por ellas, con aire de aburridos. Por aquel tiempo, existían muchos chistes y cuentos del Gato Perico, al que pasaban todo tipo de cosas. De ahí que a los del Español se les pasara a conocer como pericos.

A su lado medró el poderío del Barcelona, cuyo primer gran patrimonio fue llevar ese nombre. En las ciudades con más de un equipo ha dominado, casi sin excepción, el que lleva el nombre de la ciudad. Por otra parte, la invasión extranjera del Barça cedió en su momento. Aquella primera generación de los Gamper, Witty, Morris, Harris, Steimberg y demás, que dominaban las primeras alineaciones, fue dejando sitio a muchachos barceloneses. Para el año 20, la alineación del Barça estaba ya repleta de apellidos locales.
Así que lo de español ya no podía ser visto como contraste a lo extranjero. Eso estaba olvidado. Para muchos, español pasó a ser visto, de forma interesada, como contraste con catalán.

Los episódicos incidentes que salpicaron la rivalidad (el viaje de ida y vuelta de Zamora, Español-Barça-Español, o el partido de la calderilla…) enconaron la relación. El partido de la calderilla se jugó en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera en Les Corts. El árbitro expulsó a Samitier. El público, enfurecido, tiró muchas monedas. El partido se suspendió, se repitió a puerta cerrada y lo ganó el Espanyol. La afición culé se sintió avasallada. No mucho más tarde, en junio de 1925, fue el célebre Barcelona-Júpiter, homenaje al Orfeó Català en el que la banda de la marina inglesa tocó, con su mejor intención, la Marcha Real, que fue abucheadísima. Primo de Rivera ordenó el cierre de todas las actividades del Barça durante seis meses. Aquel fue un hecho decisivo en el posicionamiento nacionalista del club blaugrana.

Y así fue para los restos. Durante el franquismo era frecuente escuchar que al Español se afiliaban los inmigrantes, mientras el Barça se nutría de barceloneses. No era cierto, pienso. En el Español abundaban las viejas familias de la burguesía catalana y más bien muchos inmigrantes se afiliaban al Barça, porque ganaba más y eran bien aceptados. De hecho, el himno del Barça creado para las Bodas de Platino y aún vigente, así lo consagra: “… Tant se val d’on venim, si del Sud o del Nord, ara estem d’acord…”.

La brecha deportiva y económica entre ambos siempre fue creciendo. Tan es así que cuando el Barça construyó el Camp Nou y dejó su viejo campo de Les Corts para entrenamientos y para su segundo equipo, el Condal, el Español pretendió comprárselo, porque era mejor que su ya viejo Sarrià. Vilà Reyes llegó a hacerle una oferta en directo en TVE, de presidente a presidente, a Llaudet, pero éste rehusó, pese a que el Barça arrastraba una gran deuda. Más adelante, tras una difícil recalificación, lo derribó y vendió el solar para hacer casas. Es el solar que rodean las calles Numancia, Travessera de Les Corts, Vallespir y Marqués de Sentemenat.

A la rivalidad de origen se unió una sutil alianza, real o figurada, del Español con el Madrid. A Sarrià solían acudir muchos madridistas, porque el Camp Nou estaba todo abonado. Y Madrid y Español tenían al Barça como enemigo común. Los barcelonistas vieron en esa alianza una prueba más de la vocación forasteril del Español, al que consideraron una quinta columna del Madrid. Y no era así. En As comprobamos hasta qué punto tiene espíritu autóctono cuando se nos ocurrió titular Adiós al pequeño Bernabéu el día que derribaron Sarrià. Las cartas de protesta fueron numerosísimas, algunas muy airadas.
En 1995, el club tomó la decisión de cambiar su nombre oficial de Real Club Deportivo Español por el de Reial Club Sportiu Espanyol de Barcelona. No sólo lo catalanizó, sino que le añadió el “de Barcelona”, a fin de reclamarse de equipo de la ciudad, lo que realmente siempre quiso ser y fue. Pero ya se ve por las palabras de Piqué lo difícil que le va a resultar convencer a todos de su barcelonía.

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