Soy de aquellos ilusos que piensan que en la vida son tan o más importantes las formas que el fondo. Soy de aquellos que creen en la honra, en el orgullo. Que lo importante no es ganar o perder sino como se gana o se pierde. Soy de los que creen que el escudo y la bandera representan algo más que un símbolo. Que la historia debe respetarse. Y sobre todo que no se puede ni se debe jugar con el sentimiento de las personas.

Hoy el Espanyol volvía a Europa. Esa Europa que nos debe una. La misma que a lo largo de nuestra historia nos dio momentos de satisfacción, de gloria, que nos hizo sentirnos orgullosos de pasear los colores blanquiazules por el viejo continente. Esta temporada que empezó ilusionante pero que se fue torciendo quizás nos tenía reservada una sorpresa. Quien sabe si nuestro equipo era capaz de remontar en la Liga y ofrecernos un éxito europeo. De hecho cuando tiramos penosamente la Copa contra la Real Sociedad algunos pensábamos que nos reservábamos un cartucho para Europa. Pero no, lastimosamente no ha sido así.

Alguien no ha entendido que es el Espanyol. Alguien no entiende nuestra historia. No sabe lo que representamos, lo que hemos sufrido, lo que hemos resistido, lo que nos ha costado llegar hasta aquí. Alguien no sabe lo que es el orgullo, la honra, el sentimiento blanquiazul. Pero nosotros, la mayoría de los que leéis estas líneas sí que lo sabemos, lo tenemos muy claro.

Hoy en día se estila ser políticamente correcto. Está claro, te ahorras disgustos. Cualquier comportamiento, decisión o actitud puede ser justificada utilizando mil excusas o razonamientos, esgrimiendo puntos de vista diferentes o relativizando decisiones. Pero cuando uno ha llegado a cierta edad y ha visto de todo se niega a pasar por el aro.

La noche de hoy ha sido bajo mi punto de vista la mayor humillación que he vivido en mis mas de 50 años de vida perica. 1200 seguidores desplazados a Inglaterra, toda una afición ilusionada, miles de corazones soñando durante años vivir nuevamente estos momentos casi olvidados. Todo esto no sirve para nada. No se ha tenido en cuenta. Da igual lo que sintamos, dan igual las formas, da igual el dolor, el desencanto, la humillación o las lágrimas. Lo importante solo es un partido de la jornada 25 cuando quedan 14 partidos por jugar y estamos a dos puntos de la salvación. El resto son temas menores.

Al final muchos justificarán las decisiones tomadas por un bien supuestamente mayor que aún no sabemos si se va a poder conseguir. ¿Alguien puede asegurarnos que jugar con once suplentes hoy te garantiza que los once titulares ganen en Valladolid? ¿Alguien ha calibrado el tremendo riesgo de las decisiones tomadas? ¿Alguien asume que puede pasar si después de tirar la Copa ahora tiramos Europa y no ganamos los dos o tres próximos partidos? ¿Alguien ha pensado en el tremendo daño que ha hecho este ridículo histórico no solo a los 1200 desplazados sino también al resto del espanyolismo?

En un colectivo como el nuestro, sufridor, valiente, con carácter, con vocación de resistencia, son fundamentales las formas más que el fondo, los ideales por encima del pragmatismo o el sentimiento por encima de la razón. Hoy se ha cruzado una línea roja. Esa línea que nunca debieron cruzar. La línea del “todo vale”. Algunos no lo olvidaremos jamás. Quizás en otros lugares es un comportamiento habitual y consentido. En nuestra casa no. Aquí no.