¿Sabéis como termina verdad? Pues me apetecía explicar una humilde historia relacionada con el sentimiento perico, ya que parece ser que últimamente las cosas están algo revueltas en el Espanyol a nivel social y no se me ocurre mejor día que hoy para contároslo.

Soy perico de cuna, mi padre contrajo el “virus” perico en su juventud ya que, según él, de adolescente jugó en el Poble Sec con un ilustre central perico. Don José Parra. Siempre me habló maravillas de este señor, y cierto es que históricamente ha sido un perico legendario.
Parra que destacaba muchísimo más, dio el salto al Español y mi padre jugó una temporada más en la Peña Saprissa, entonces filial perico. Así que, aún viniendo de familia culé y arlequinada (mi tío fue meta del Sabadell) terminó por abrazar la religión blanquiazul para siempre.

Era un extremo zurdo cerrado, trotón y no muy fino, que decidió colgar las botas por algo que le apasionaba más que el fútbol. El amor. Fruto de ese amor nacimos mi hermano Joan Lluis y yo. Pero fue un amor compartido, porque su sentimiento blanquiazul se había instalado en su corazón sin remedio alguno.

Pasaron muchísimos años, mi hermano y yo entendimos su filosofía futbolística y pasamos por Sarriá y Montjuic defendiendo los colores blanquiazules desde la grada como nadie. Era de los de José Guardiola y el “encís”, de los del gran Nicanor de la Manigua, de los de gorra, bufanda y bandera “només blanquiblava”. Y diréis… ¿Qué tiene que ver todo esto con el encabezado de mi historia?

Pues a lo que voy, que me enredo.

Fue hombre de excesos y enfermo ya del corazón, ingresó en la Vall d’Hebrón a finales de marzo del 2006. Con la ilusión por la final de Copa pero con la incertidumbre de la clasificación liguera, escuchamos un partido que nos enfrentaba al Mallorca y que acabamos empatando a cero. Al acabar el partido me dijo… “Fill, sortirem d’aquesta!

David Navarro es un gran perico que reside en Teruel

Yo pensaba que se refería a su ingreso. Pero continuó… Guanyarem la Copa i ens salvarem, cony! Añadía esa coletilla cuando sabía que la cosa estaba “magra” tenía fe en la copa, pero se veía en segunda. Me lo decía con la mirada, pero vamos, que para fútbol estaba yo, Nos dejó el 4 de abril a los 81 años.

En su funeral, mi tío Paco se refirió a su hermano como “modélico padre, fiel marido y devoto perico“, nos deseó suerte en la final del día 12, para cerrar su discurso con un “Visca l’Espanyol” que retumbó en Sancho de Ávila seco y sordo. El Virolai sonaba de fondo como a él le hubiera gustado.

Días después nos alzamos con tan soñado y a la vez amargo trofeo para los míos. Mi padre no lo vio, aunque lo intuyó… Pero el 13 de mayo, ahí creo yo que alguien en el cielo pidió un permiso especial. “Per que cal, cony”.

El pasado 5 de enero es el cumpleaños de Don Ferran Corominas Telechea y siempre pensaré que el empujón del minuto 91 vino de arriba. Eso es el sentimiento perico. No traten de entenderlo, solo lo comprendemos los que vivimos esta maravillosa locura.

Felicitats Coro, visca l’Espanyol i Visca Don Joan Andreu… Cony!

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