Decía la prensa italiana que cuando Rafa Benítez heredó el Inter de Mourinho era como poner frenos a un Ferrari. En el caso del Espanyol de David Gallego, el equipo parece un Seat Panda, sale en primera y solo mete el acelerón en las segundas partes cuando toca remontar el partido.

La realidad es que el equipo está en descenso tras cinco jornadas, con 3 goles a favor y 9 en contra (el más goleado junto a Betis y Barcelona) y en la Europa League ha pinchado en casa frente a al rival en teoría más débil del grupo. Y lo peor es que tanto por juego como por sensaciones la situación parece difícil de superar.

A nivel táctico, el míster perico está convencido de que los jugadores tienen que adaptarse a su 4-4-2. Pero ningún futbolista de calidad de la plantilla se siente cómodo. Marc Roca en el doble pivote no brilla tanto como cuando juega de ancla por delante de la defensa, Granero en la banda no produce absolutamente nada, Melendo está completamente perdido y desdibujado. Además Sergi Darder (el tercer fichaje más caro de la historia del club) no cuenta con la confianza del técnico y por si fuera poco, Matías Vargas ahora juega de delantero, una posición en la que no marca las diferencias. El monito ya no la rompe. El único jugador que se siente cómodo y destaca es Víctor Sánchez, desde luego llamativo.

Matías Vargas se lamenta por una acción en el partido contra la Real Sociedad

Por poner un ejemplo visual de este caos técnico basta en fijarnos cómo el equipo juega con las líneas tan separadas. Un error que provoca que la presión al rival sea casi inexistente, los jugadores lleguen tarde a los duelos individuales y la defensa se vea expuesta en cada pérdida de balón. Porque si otro pecado comete este Espanyol de David Gallego es el de intentar sacar el balón jugado desde atrás, con pases horizontales y sin generar nada de juego. Aunque cueste reconocerlo se está patentando el término “goles regalados”.

Otra prueba de la incoherencia en las decisiones del técnico es la falta de un once titular fijo. Ahora mismo el míster está más preocupado de las rotaciones que de ganar partidos. Si preguntásemos a los aficionados qué 11 jugadores disputarían mañana una final, nadie acertaría el equipo titular. Solo así se entiende que Pol Lozano únicamente fuera titular en el partido más esperado en muchos años o que ahora Javi Puado no vaya ni convocado.
Hace poco Anquela decía que “el fútbol de máximo nivel no es como la Play Station”, pocos partidos habrá visto Gallego si piensa que Fernando Calero y Lluís López tienen calidad suficiente o han jugado el tiempo necesario para sacar el balón jugado desde atrás. Calero a día de hoy no es Mario Hermoso y Calleri tampoco es Borja Iglesias.

Sin embargo es llamativo la falta de autocrítica del entrenador declarando tras el partido: “estoy convencido que el equipo será regular. Vamos a hacer un gran año”. Nadie puede negar que David Gallego ilusionó en su primera etapa, pero como cualquier acontecimiento que merece ser recordado, la plantilla tras el cese de Quique Sánchez Flores demostró que el problema no estaba en la calidad de la patilla.

Ahora, con un nuevo proyecto, Gallego no ha logrado imprimir motivación e ilusión a su plantilla. Las fases previas de la Europa League se superaron casi por inercia y con algún susto. En la Liga Santander, el equipo compite a dos velocidades menos que cualquier rival. Y salvo el milagro de Eibar, en el resto de partidos el equipo ha sido superado con claridad. Los dirigentes y Rufete pueden mirar hacia otro lado y hablar de récords, pero jugando así la vuelta a Europa será breve y la temporada puede ser agónica e incluso dramática.

Al contrario de lo que opinan muchos, desde mi opinión no es un problema de los jugadores, esta plantilla es una de las mejores que ha tenido el Espanyol. Tampoco es un problema de actitud, los jugadores a pesar del desastre táctico, han alzado en varios partidos la bandera de la épica. Por suerte todavía hay tiempo y la tentación de saber que Pablo Machín y Quique Setién esperan en la grada.