Tras el desahucio del campo de Muntaner, el Espanyol buscaba una forma de mantenerse a flote. Un día, el presidente del Espanyol Genaro de la Riva fue a su barbería de confianza llamada  “Pintó”, situada en la ronda de Sant Pere. Allí llegó a sus oído una conversación entre un cliente y su barbero. Hablaban de la situación del Espanyol, y el cliente afirmó de forma contundente que no había posibilidades de salvación:

“Los han echado del campo de Muntaner, y esta vez el Espanyol ha muerto definitivamente”.

Tras esta afirmación, De la Riva, se encaró hacia ese hombre hecho un furia sin saber que se trataba del mismísimo Hans Gamper, el fundador del Barça.

Después de unos segundos de silencio, muy tensos, Genaro reaccionó tratando de contenerse y mantener la calma. Pero en un tono firme pero apasionado le dijo:

“Está usted muy equivocado, señor Gamper. Mientras yo viva, el Espanyol vivirá. Y si no tiene campo, no se preocupe: ¡Yo le compraré uno! ¡Buenos días!”.

Sarrià nace con capacidad para 11.000 espectadores

La familia De la Riva compró el terreno de la finca llamada Can Rabia, entre la carretera de Sarrià y la riera de Magòria, por un precio cercano a las 170.000 pesetas. Una verdadera fortuna para la época. El nuevo Estadio de Sarrià fue inaugurado el 18 de febrero de 1923 con una capacidad para 11.000 personas. El Espanyol volvía a tener un campo en propiedad.