El domingo 18 de mayo de 2019 fue un día para recordar. Algunos que ya llevamos unas cuantas temporadas intuíamos que ese día iba a ser mágico, no podíamos fallar y allí estuvimos. Recuerdo que con un buen amigo empezamos la jornada bien pronto. Ambientamos en la previa con la gente de la curva amenizado con alguna que otra bebida espirituosa, recibimos al autobús del equipo y nos fuimos de tapeo por las calles adyacentes al estadio. El ambiente de barrio, de fútbol inglés, se va construyendo poco a poco en días como estos, nos encontramos con más amigos y en el estadio revivimos los abrazos y las lágrimas de un día soleado y con un cielo blanquiazul. Pónganse los cinturones, próximo destino Europa.

Toda esa burbuja nos duró solamente 12 días. Empezaron a correr noticias sobre la posible salida de nuestro entrenador, Rubi, una persona que ha ejercido su papel de líder, tanto desde la perspectiva técnica, psicológica y emocional. Por fin alguien que prometía el cielo y lo conseguía, a pesar de la incredulidad de todos (yo incluido).

Escribo estas líneas tras aparecer las primeras noticias sobre el pago íntegro de la cláusula indemnizatoria, y tras haberse abierto un debate al respecto sobre si se tenía que pagar y el concepto que tenía la misma. Me gustaría dedicar unas breves líneas para que en cuestiones como la presente el seguidor perico sepa cuál es contexto contractual real, dado que en muchas ocasiones la prensa no explica correctamente.

La relación laboral de los entrenadores es muy dudosa, hay jurisprudencia del Tribunal Supremo que los considera sujetos a relación laboral común (la de mayoría de los mortales), otras de relación laboral de carácter especial para deportistas y otras como altos cargos (como si fuera un alto directivo).

En función de la relación laboral las indemnizaciones son unas u otras. Me inclino al hecho de que nuestro club haya regulado la relación laboral de nuestro ya ex entrenador dentro del marco de la relación laboral especial de los deportistas profesionales, siguiendo la jurisprudencia del Tribunal Supremo de 14 de mayo de 1985, a pesar de que no es pacífica y que también los puede considerar como altos directivos.

Si nos inclinamos por esta opción, es de aplicación el Real Decreto 1006/1985 por el que se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales. En su artículo 16 se regula la “extinción del contrato por voluntad del deportista”. En estos casos, cuando el deportista extingue el contrato, sin causa imputable al club, dará derecho a éste (al RCD Espanyol en este caso), en su caso, a una indemnización, que en este caso ya está prevista en el contrato del Sr. Rubi, es decir un importe de 900.000 € (el salario de un año). Si no se hubiera pactado sería la jurisdicción laboral la que en función del perjuicio causado a la entidad fijaría el importe. Por último, la propia ley ya indica que en caso de que se produjera la extinción contractual sin abono de la mencionada indemnización, y que además en el plazo de un año desde la extinción el deportista contratase los servicios con otro club, este (en este caso el Real Betis), sería el responsable subsidiario del pago de las obligaciones pecuniarias.

En conclusión, la obligación de pagar la cláusula era, es y será obligatorio, en todos los casos del presente escenario de extinción del contrato por parte del Sr. Rubi. La debe abonar el Sr. Rubi o el Real Betis en su defecto. Como perico y jurista quería realizar esta breve aportación argumental para que la parroquia perica puede defender la posición de nuestro club (que ha sido impecable) y de los intereses de los socios ante ciertos posicionamientos de determinada prensa.

Europa nos espera.

Joan Contijcoh Costa

Abogado
www.joancontijoch.com