El pasado domingo Pablo Machín se estreno en el banquillo del Espanyol, lo hizo con valentía y demostrando que no viene para casarse con nadie, en su primera alineación apostó por un chico de 19 años que a la postre fue el mejor del partido, para nuestros lectores, y a buen seguro para la gran mayoría de la parroquia perica.

La actitud del equipo fue bien distinta a la exhibida con David Gallego en el banquillo, ese cambio es innegable, el equipo mordía la salida de balón de los amarillos y tenía empuje para llevar con acierto a la portería rival. El resultado no fue justo para los méritos de unos y de otros, pero la realidad es la que es, y bien haríamos en estar preocupados, porque si bien es cierto que Laliga acaba de empezar, ya se empiezan a marcar distancias más o menos importantes, por ejemplo, estamos a cuatro puntos de la salvación, y el calendario que nos viene tira hacía arriba.

El domingo visitamos al Levante, un hueso bien duro de roer, después entre semana viajamos a Bilbao, y el fin de semana recibimos en el RCDE Stadium al Valencia de Albert Celades y acabamos esta maratón de partidos visitando el Wanda Metropolitano para medirnos al Atlético de Madrid. Convendrán con nosotros que no es el mejor escenario para sumar puntos.

No queremos ser alarmistas, ni mucho menos, nuestros lectores saben que siempre tratamos de ver el vaso medio lleno, pero percibimos en el ambiente cierto sabor a “esto lo sacamos fácil” y nosotros sin ánimo de molestar en exceso, no acabamos de ser tan optimistas, sobre todo porque el equipo tiene carencias muy importantes en la zona de ataque, y las jornadas van pasando y seguimos nulos de cara a portería.

Ahora toca centrarnos en Europa y el jueves tenemos un importante partido ante el Ludogorets búlgaro, líder de nuestro grupo, rompiendo pronósticos, una buena prueba para que Pablo Machín siga mejorando su estilo de juego y para resarcirnos en el viejo continente de las penas ligueras.