Corría el año 1993 y Paul McCartney, autor de letras legendarias como Yesterday, Let it be, Hey Jude, Penny Lane o Jet, seguía teniendo tirón en Barcelona. 19.000 almas se dieron cita en el Palau Sant Jordi para disfrutar de la música del exBeatle. No sé si fue una simple impresión de McCartney o que el público estaba realmente un poco apagado, da igual, fuera lo que fuera el músico decidió levantar la pasión de los parroquianos apelando al fervor futbolero. Y en uno de los descansos cogió por banda a Carlos Carreras-Moysi, el organizador del concierto, y le preguntó: “Oye, Carlos, ¿cual es el equipo más representativo de la ciudad?”. Y Carreras-Mossi, ni corto ni perezoso, le soltó. “Hombre, el Espanyol”. “Pues consígueme una camiseta”.

El exBeatle con la camiseta del Espanyol

McCartney debió pensar: “Esto del fútbol nunca falla.. voy a levantar pasiones”. El exBeatle salió al escenario, con dos cojones, la camiseta del Espanyol en las manos, una sonrisa Profident y gritando como un descosido: “Viva el Espanyol”. Tras el primer desconcierto y unos tímidos aplausos, las pasiones subieron rápidamente de temperatura y comenzaron a escucharse delicadas expresiones: “Mal parit, fill de…, cabronazo, te vamos a matar, sinvergüenza, me cago en tu…”. En fin, McCartney ya estaba con su canción y difícilmente podía entender los calificativos del personal, pero sí veía las caras de una parte del público. Había sido mentar a la bicha, es decir, al Espanyol, y se desencadenó una especie de exorcismo laico que lograba liberar a miles de pequeños demonios en forma de butifarras ostensibles; las manos al viento mostrando sólo el dedo del corazón, o las caras desencajadas y rojas de tanto gritar… y no precisamente de placer.

Paul McCartney
Paul McCartney

“¿No es acaso el Espanyol el equipo de referencia de Barcelona?”

McCartney y los músicos que le acompañaban debieron rumiar: “¿Qué demonios pasa aquí?” “¿No es acaso el Espanyol el equipo de referencia de Barcelona?”. Sí, Paul, sí, el Espanyol es el equipo de referencia de Barcelona, el problema es que una mayoría de barceloneses no lo saben aún. Pero comprobar que los colores blanquiazules no dejan indiferentes al personal ya es un verdadero triunfo.

Gracias, Paul, por gritar “Viva el Espanyol”.

Álex Rosal

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