Uno de los temas recurrentes en mis reflexiones en clave blanquiazul es lo que denomino el ‘efecto Astérix’. Muchos pericos están convencidos que el Espanyol es como la aldea de los galos de este popular cómic, rodeada de campamentos romanos-culés que intentan eliminarnos. Este marco mental nos ha servido para sobrevivir durante décadas, al crear un fuerte sentimiento grupal y de resistencia. Pero al mismo tiempo nos ha impedido crecer, porque estábamos tan preocupados en fortificar nuestras murallas que no nos centrábamos en la expansión deportiva y social de la entidad.

Vemos fantasmas por todas partes, a menudo con motivos, y otras veces sin ellos. Es una estrategia defensiva, que nos cierra en nosotros mismos, y que dificulta la creación de alianzas. Este mecanismo mental nos ha dirigido durante décadas, pero dudo mucho que en la nueva etapa que se ha iniciado con el presidente Chen Yansheng tenga sentido. Hemos de perder el miedo a los ataques exteriores, y centrarnos en nuestras virtudes para seguir creciendo.

Ahora mismo tenemos el apoyo económico suficiente para no temer al futuro, ni a las posibles jugarretas del entorno culé. Para ser más grandes hemos de abrir nuestros portones y plantar cara en campo abierto. Hemos de dejar de considerarnos agredidos por cualquiera que pensemos que nos “mira mal”. Somos tan susceptibles que cualquier opinión crítica hacia nosotros, aunque sea de buena fe, la vemos como un ataque injustificable. Y es que a menudo pecamos de tener la piel demasiado fina. Hay que analizar las cosas con más calma.

No hemos de tener miedo a escuchar lo que no nos gusta. Si nuestras convicciones son fuertes, podemos combatir con argumentos las críticas a las que seamos sometidos. Y si tienen razón, porque a veces lo que consideramos “ataques” por parte de columnistas barcelonistas son opiniones razonables, hemos de dársela. Hemos de obviar los ataques que quieran destruirnos o hacernos daño, pero que nos digan nuestros defectos no nos ha de molestar. Al contrario, hemos de escuchar y tomar nota. Venga de donde venga, y lo diga quien lo diga. Hay que recordar que en el Espanyol no somos infalibles, y a lo largo de nuestra historia nos hemos equivocado en infinidad de ocasiones. Si aciertan, lo reconocemos y punto pelota.

Pero muchos compañeros de grada no permiten ningún tipo de crítica. Ni externa, ni interna. Al final, ser crítico con la gestión del consejo de administración, o con el entrenador o con algún jugador-símbolo es visto por algunos como un “ataque al españolismo” y se tacha al discrepante de “mal perico”. Criticamos mucho el pensamiento único azulgrana, pero más de un seguidor blanquiazul practica un pensamiento único perico que no nos conviene. Amplitud de miras, sentido crítico – siempre que sea para mejorar – y tolerancia con todas las opiniones: es el trío mágico para atraer a más gente, y para no repeler a los que no defienden una concepción unívoca de la vida.