Estoy seguro que gracias a que soy seguidor de un equipo de fútbol como el Espanyol; soy mejor persona. Los periquitos, al igual que los colchoneros, los béticos u otros seguidores de equipos sufridores, hemos ido conformando un carácter que nos ha preparado para las dificultades de la vida. Gracias a las continuas derrotas de nuestros equipos, las angustias y las sorpresas casi siempre negativas, somos más humildes, relativizamos mejor el fracaso, somos prudentes ante los éxitos repentinos y podemos respetar mejor al rival. En definitiva, tanto Calvario futbolístico, tanta Cruz deportiva, tanta orfandad de triunfos, te hace más humano.

Una escuela de vida

Por eso doy gracias a mi padre todos los días por lograr aficionarme a un club como el Espanyol. Sin buscarlo, me ha regalado una escuela de vida que me ayuda cada semana a aprender a vivir, a saber refrenar el abatimiento por una nueva derrota– que, desgraciadamente, sucede con frecuencia-; a encajar con respeto los triunfos del rival; a evitar sueños irreales o saborear sin acritud cuando le cascas cuatro al Barça.

«El sufrimiento educa para la vida. Por eso soy del Espanyol»

Gritamos poco a nuestros jugadores por aquello de comprender sus limitaciones, y son escasos los amagos de infarto que ocurren en nuestros pequeños estadios. Hay tranquilidad y mucha paz ante el resultado. Hemos logrado encarnar la serenidad. Y, claro, así es difícil que la depresión haga mella en nuestro espíritu gracias al entrenamiento continuado de saber reponernos con rapidez de los fracasos encadenados. Por eso no envidio nada a los seguidores del Madrid o del Barça. Acostumbrados a los triunfos, grandes presupuestos, jugadores galácticos y poderosas acciones de márketing, muchos de ellos no saben sobrellevar una pequeña derrota y piden con fruición la dimisión del primer merluzo que se cruza por el camino, se ofuscan ante un gol contrario y pierden los nervios por la pifia de su jugador. No están preparados para el fracaso, las sorpresas adversas o la humillación vital. Normal. No sé si el dolor conduce siempre al arrepentimiento, pero el sufrimiento educa para la vida. Por eso soy del Espanyol.

Álex ROSAL es editor de Voz Perica

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