La mayor alegría en clave blanquiazul de este final de temporada nos la han dado las chicas del femenino que han logrado salvar la categoría tras una temporada muy complicada. Tras flirtear con el descenso durante buena parte del año en el momento decisivo han sabido reaccionar y conseguir mantener el orgullo perico en la máxima categoría.

Por supuesto no es culpa exclusiva de las chicas, que dan todo lo que pueden y han luchado hasta el final. Y es que es una pena que el fútbol femenino blanquiazul, que durante muchos años detentó la primacía en Cataluña y que año tras año le pasaba la mano por la cara a las culés, se haya convertido en un equipo menor.

Hemos pasado de ganar Copas de la Reina y de ser uno de los principales candidatos a ganar la Liga a luchar por mantenernos en Primera. Hemos pasado de ser uno de los grandes clubs del fútbol femenino español al ser uno del montón. En el momento del inicio del despegue de este deporte en España, gracias al patrocinio de Iberdrola, estamos en el pelotón de cola cuando por historia y tradición podríamos ser uno de los equipos punteros.

Por lo que nos cuesta cualquier jugador mediocre del primer equipo de esos que calientan banquillo durante todo el año podríamos haber mantenido al femenino en la élite. La crisis económica no justifica el haber desperdiciado una oportunidad tan clamorosa como la que ha tirado por la basura el RCD Espanyol.

Parece ser que Antonio Martín ha vuelto con fuerza para crear un proyecto ambicioso para el femenino. Ojalá sea así y volvamos a ser lo que nunca debíamos de haber dejado de ser, uno de los equipos grandes que luchan por la Liga.