Un amigo me decía ayer, al conocerse la noticia de la destitución de David Gallego, aquello de “bueno, estarás contento, ¿no?”. Mi respuesta fue inmediata: “para nada, estoy triste, disgustado; un poco aliviado también”.

Estos pericos nunca están contentos, es probable que haya pensado. Y más después de haberme visto sufrir lo indecible en este arranque de temporada (ahí están los aficionados a las estadísticas para confirmar que ha sido uno de los peores arranques ligueros de nuestra historia), algo a lo que estamos bastante acostumbrados, para qué engañarnos. Pero es que David Gallego es uno de los nuestros, un perico, y ningún perico puede alegrarse del fracaso de otro.

Sigo pensando que el club tenía que darle una oportunidad a Gallego. Estos últimos resultados no pueden ocultar toda su magnífica aportación al Espanyol. Su trabajo con la cantera ha sido intachable y nos ha dado grandes alegrías. Su labor en el B, ascenso incluido, fue crucial para potenciar aún más lo que es un signo de identidad perica. Cuando tuvo que hacerse cargo del equipo tras la salida de Quique Sánchez Flores, Gallego solventó la papeleta a la perfección; cuando regreso al B, lo hizo con profesionalidad y sin queja alguna. Por su trayectoria se merecía entrenar al primer equipo.

Luego las cosas no han salido bien. Tiempo habrá para que los entendidos analicen qué ha fallado: las salidas de jugadores, el encaje de los nuevos fichajes, los problemas crónicos en los laterales, el sistema de juego, la posición de cada jugador, su actitud… El caso es que el equipo no funcionaba y, hay que reconocerlo, no se veía mejora, no se vislumbraba un camino para salir del pozo clasificatorio en el que hemos caído. Y el fútbol profesional es despiadado y sólo sabe de una cosa: resultados. Y a corto plazo.

David Gallego durante un partido de la presente temporada

Del mismo modo que había que darle una oportunidad a David Gallego, había también que acabar con una situación insostenible a la que no se veía salida. Creo que la decisión ha sido acertada y ojalá haya sido acertada la elección de Pablo Machín. El tiempo lo dirá y, esto es fútbol, lo sabremos pronto. Pero esto no obsta para que estemos tristes: hubiera sido tan bonito vivir el triunfo de uno de la casa. Por no hablar de lo mal que lo debe de estar pasando Gallego y su equipo, tristes también, estoy seguro, por no haber podido llevar a lo más alto al equipo de sus amores.

A nosotros sólo nos queda darle las gracias a David Gallego por todo su esfuerzo para hacer mejor al Espanyol, tanto cuando ese esfuerzo ha estado acompañado de buenos resultados como cuando no ha dado el fruto esperado.

No será fácil, pero ojalá en el futuro David Gallego pueda seguir aportando su granito de arena para hacer un Espanyol más grande. David, como perico que eres, siempre tendrás un lugar entre nosotros. Estoy seguro que lo que más deseas es que este Espanyol triunfe, empiece a sumar puntos y siga adelante en Europa. Creo sinceramente que, con el apoyo de todos, no es imposible.