En situaciones como en la que nos encontramos actualmente en el RCD Espanyol es cuando puede apreciarse que el deporte, y el fútbol en concreto, es “otra cosa”. Analizar las reacciones que se producen entre los seguidores de un equipo de fútbol con los mismos parámetros con los que analizaríamos las que podrían producirse en otros ámbitos de nuestra vida constituye un tremendo error.

Hace algo menos de un mes, concretamente tras la derrota ante el Sevilla, viene observándose entre el españolismo un creciente clima de desasosiego y desencanto. Tras la sensación de euforia que provocó la inesperada clasificación europea y el ambiente de ilusión que impregnaba a toda nuestra masa social, una sola derrota desencadenó el inicio de una nueva situación en la que predomina el pesimismo y que ha ido creciendo con el transcurso de las semanas.

Analicemos brevemente y de la forma más objetiva posible la situación a día de hoy:

El viernes 7 de junio David Gallego fue presentado como nuevo entrenador del Espanyol. Venía a cubrir el hueco dejado por Rubi tras la inesperada espantada de este último. Encuestas realizadas en aquellos días daban a Gallego como favorito de la afición con porcentajes superiores al 80%.

Tres meses después el equipo ha conseguido su primer objetivo de la temporada: clasificarse para la fase de grupos de la Europa League. Con solvencia. Con cinco victorias y un empate. Con 18 goles a favor y 4 en contra. Con una gran remontada en el quinto partido tras irse al descanso con el marcador en contra. El hecho de la clasificación significa como mínimo que el equipo ha conseguido el objetivo inicial. Si a ello le sumamos la remontada ante el Zorya y recordamos los nefastos números cuando se ponía el marcador en contra la temporada pasada, podemos convenir de que el mérito es aún mayor.

Hemos realizado dos dolorosos traspasos, ambos inevitables, ya que debemos recordar que los jugadores querían irse. Eso si, en esta ocasión y no como otras veces, por cantidades económicas muy importantes.

Hemos conseguido reducir la masa salarial de la plantilla. Algo que nos lastraba desde hace años y nos impedía crecer.

Hemos realizado 7 fichajes (quizás deberíamos considerar también a los 2 llegados en el mercado de invierno como fichajes), algunos jóvenes con proyección de futuro, otros cedidos para no frenar la proyección de los chicos de la casa, otros veteranos con experiencia.

Hemos subido a varios jugadores del filial. En este momento más del 50% de la plantilla son jugadores formados en nuestra cantera.

David Gallego durante un partido en el RCDE Stadium

El club se está saneando y estamos disminuyendo deuda, lo que nos puede permitir en el futuro acometer nuevos retos.

Somos el equipo de la Liga más seguido en China, lo que puede provocar la entrada de nuevas empresas inversoras que se sumen a las que ya han llegado y con ello un aumento de los ingresos.

Crece el número de socios y abonados, tenemos más implantación en la ciudad y se están realizando nuevas campañas de promoción del españolismo.

En la competición de Liga está claro que los inicios están siendo peores respecto a lo que todos hubiéramos deseado. Una derrota lógica con el Sevilla, un empate a priori también lógico con el Alavés y una derrota dolorosa con el Granada constituyen el balance.

En las redes sociales y medios periodísticos hemos podido leer y escuchar críticas hacia la calidad del juego del equipo, el sistema o las decisiones del entrenador. No voy a entrar a valorarlas. Tras más de cincuenta años viendo fútbol sigo sin tener ni idea. Yo era de los que creía a principio de la temporada pasada que Borja Iglesias era un paquete y de los que volviendo de Valencia tras el partido con el Levante tenía claro que no nos íbamos a clasificar para Europa.

Una vez hemos analizado la situación actual, la pregunta es: ¿Tiene sentido la actual visión pesimista, criticar la calidad de la plantilla, pedir el cese del entrenador, poner en duda la política económica que está siguiendo la entidad desde una visión lógica y ponderada?

La respuesta parece clara: No. Nada de todo lo anterior sucedería en otros ámbitos de nuestra vida. Nadie pondría en duda la capacidad de un trabajador a los tres meses de contratarlo totalmente convencido de su valía, nadie criticaría a un colectivo tras un éxito conseguido cuatro meses antes, nadie cuestionaría una planificación económica que está haciendo posible un crecimiento continuado, nadie se mostraría pesimista ante unas perspectivas ilusionantes y la posibilidad de vivir sensaciones no experimentadas los últimos doce años.

Todo ello solo puede entenderse bajo el prisma de la transformación que sufre el Homo Sapiens cuando es seguidor de un club de fútbol: la racionalidad, la lógica, el sentido común, la capacidad de análisis, la ponderación, el equilibro, desaparecen de nuestras vidas.

Quizás la única explicación posible sea que los seguidores de un equipo de fútbol nos convertimos mediante un proceso evolutivo desarrollado desde la más tierna infancia en una nueva especie; el Homo Sapiens Futbolesiensis. ¿Como somos?¿Que características tenemos?

El Homo Sapiens Futbolesiensis es bipolar, pasamos de la tristeza más profunda a la euforia más exaltada en segundos. De la risa al llanto, todo puede suceder, cabe esperar cualquier reacción posible.

Somos impacientes, todo tiene que suceder ya, de inmediato. No podemos esperar, la paciencia es un término desconocido para nosotros. A los 5 minutos de partido ya cambiaríamos a medio equipo, a la segunda jornada ya echaríamos al entrenador.

Somos exagerados. Sobrevaloramos el juego, nuestros jugadores. Hacemos de la sublimación una norma. Aunque cuidado, la exageración nos lleva también a infravalorar de forma cruel lo que tenemos. Un jugador puede ser un Dios y al siguiente partido es un cojo o directamente lo jubilamos.

Somos obsesivos. Cuando tenemos un pensamiento concreto sobre un jugador, una jugada, un entrenador, un contrario, nos encallamos y entramos en bucle. Reducimos cualquier pensamiento o situación a nuestra obsesión, la culpable de todo.

No tenemos criterio propio. Somos influenciables. Un comentario de un amigo, un artículo de prensa, un programa de radio, hace que nuestra opinión de un giro de 180 grados. Y lo que antes veíamos de una forma de repente deja de ser así. En 5 minutos pasamos de ser acérrimos defensores a críticos voraces.

También dentro del Homo Sapiens Futbolesiensis existen subespecies: el Cenizo, como siempre cree que todo va a ir mal, al final acaba acertando; el “Patidor”, ay, ay, ay, siempre sufriendo; el Listillo, dando lecciones de fútbol a todas horas, explicando tácticas y sistemas a todo aquel que tiene cerca; el “Enterao”, siempre a la última con primicias y novedades que solo él conoce. En el estadio, en las tertulias, en las redes sociales, estas subespecies muestran una amplia distribución.

Pues bien, como ejemplar de Homo Sapiens Futbolesiensis, pido a todos mis congéneres pericos que hagamos un ejercicio de ponderación. Reconozcamos que nuestra esencia como especie nos lleva en ocasiones a perder de vista la realidad, a razonar en función de nuestras características propias alejadas de toda lógica. Dejemos trabajar a los profesionales del club. Apoyemos a nuestros jugadores allá donde jueguen. Confiemos en un futuro mejor y plagado de éxitos. Y sobre todo “Carpe diem”, intentemos disfrutar de esta temporada ilusionante. Entre otras cosas porque no sabemos cuando se volverá a repetir…

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