Arrancar la Liga y que casi inmediatamente llegue el primer parón liguero es algo que nunca he entendido. Esta variedad de coitus interruptus me parece absurda. Pero, reconozcámoslo, este año el parón nos ha venido muy bien. No sólo al equipo, que podrá trabajar dos semanas seguidas sin tener que competir. También nos va ha ido bien a todos para hacer una necesaria y mínimamente pausada reflexión colectiva sobre cuáles deben ser los objetivos deportivos del presente año. Con la ventaja de haberla podido hacer después de haber visto al equipo disputar tres rondas preliminares europeas y tres jornadas de Liga.

A la hora de fijar dichos objetivos, si se quiere ser mínimamente riguroso, toca aparcar las ilusiones para centrarse en hablar de los tres elementos que, en mi opinión, más los condicionan. El primero y más importante de ellos es el presupuestario. El segundo es el hecho de tener que disputar tres competiciones. Y el tercero el estado de ánimo colectivo. Analicemos cada uno de ellos.

Respecto el presupuesto, está más que demostrado que la clasificación final de cualquier competición futbolística – especialmente en los torneos largos donde la regularidad es esencial – acaba pareciéndose mucho al ranking de presupuestos. Demasiado. Por tanto, al décimo presupuesto de la Liga no es lógico exigirle que gane la Liga. Ni que se clasifique para la Champions League. Ni siquiera que repita clasificación para la Europa League. Lamento decirlo, pero, puesto arriba, puesto abajo, lo más lógico es que acabemos los décimos. Para apoyar esta tesis, basta analizar las estadísticas de las últimas temporadas o comprobar como estaban las cuotas que fijan las casas de apuestas antes de comenzar la competición.

Pero esta triste lógica determinada por el condicionante presupuestario no quita que debamos exigir a los nuestros que intenten con todas sus fuerzas superar las expectativas. Estamos hablando de fútbol y aquí las matemáticas no siempre son una ciencia exacta. Sin ir más lejos, el año pasado conseguimos un resultado claramente por encima de lo exigible. Y eso abre espacio a la ilusión. En mi caso, después de tres jornadas, pese a la nula producción goleadora del equipo, pese a las muchas dudas que ha generado el juego del equipo, pese a las muy sensibles bajas de Hermoso y de Borja Iglesias, pese a que alguno de nuestros competidores se ha reforzado muy bien, pese al desgaste que tener que disputar tres competiciones y pese a ese runrún cargado de negativismo que cierto entorno está propiciando, la ilusión me dice que podemos aspirar a vivir una buena temporada. Para creer en eso me baso en un elemento cien por cien subjetivo: mi percepción de que tenemos una plantilla de calidad cuanto menos similar a la del pasado.

El segundo hecho que más condicionará la temporada es el problema de tener que disputar tres competiciones: Liga, Copa y, por fin después de doce años de espera, Europa League. Los optimistas dirán que una competición más es una oportunidad más de éxito y lucimiento y que ha habido equipos, como el Sevilla, que han crecido notablemente gracias al hecho de disputar tres competiciones. Los más realistas dirán que supone un enorme desgaste y que nos afectará negativamente.

Parece evidente que jugar en jueves, más aún si tienes que desplazarte como será nuestro caso a lugares tan lejanos como Moscú, añadirá cansancio y grandes inconvenientes. Pero no tiene ningún sentido vivir como un calvario aquello por lo que has suspirado. Al contrario, por duro que pueda resultar disputar tres competiciones, lo lógico sería vivir la Europa League como una de esas fiestas que no quieres que acaben nunca. Una que arrancó en Cornellá compartiendo cervezas con unos desconocidos islandeses y que, meses después, vaya usted a saber, podría acabar con una fenomenal melopea en Gdansk. Para alimentar esta ilusión dos datos. El primero es la historia: no hace falta recordar aquí de lo que hemos sido capaces cuando hemos disputado competición europea. El segundo es el hecho de que en nueve de los últimos dieciséis años ha habido finalista y ganador español en el torneo. En contra de la ilusión, de nuevo, la razón y la lógica presupuestaria: las casas de apuestas pagan 67 a 1 la victoria de los nuestros. Pero algo dentro de mí me dice que haremos una buena Europa League. Eso significaría alcanzar los cuartos de final. Y a partir de ahí…

El equipo se entrena duro para lograr remontar en Laliga

Tras la mención al hecho más relevante de esta temporada, la disputa de competición europea, toca abrir un paréntesis para referirse al otro torneo, el tercero en discordia. ¿Qué hacemos con la Copa? ¿La tiramos en espera de que algún día la Federación se decida por fin a insuflar espectáculo acabando con el proteccionismo a los grandes y cambiando el reglamento para que sea disputada a partido único hasta la final? Yo no lo haría. La Copa también nos trae buenos recuerdos y de entrada debería ilusionarnos. De hecho, en mi opinión es una competición importantísima pues, además de ser la única que estamos a muy pocos partidos de poder ganar, debería ser el trampolín para que nuestros mejores canteranos vayan entrando en el equipo, cogiendo confianza y sintiendo que pueden ser importantes en este Club. Nuestras aspiraciones en este torneo dependerán mucho de ellos. Aunque también del azar y lo que pueda deparar el bombo. A ver…

Dejó para el final el tercer gran condicionante a la hora de fijarnos objetivos: el estado de ánimo colectivo. El año pasado, ese estado de ánimo fue uno de los factores claves para el éxito deportivo. Es bien sabido que el positivismo suma, contagia y consigue multiplicar el rendimiento. Lamentablemente, debo confesar que este es el aspecto que más dudas me genera en estos momentos. Ese runrún al que antes hacía referencia me preocupa mucho porque atenta directamente contra nuestros intereses. Dificulta la consecución de resultados y nos aleja de nuestras ilusiones.

Cierto es que tendremos que disputar tres competiciones. Cierto es que el sistema de juego que quiere implantar nuestro entrenador – reproduzco palabras de varios de nuestros jugadores – es complicado de asimilar y nos está costando arrancar. Cierto es que no parece que la apuesta por este entrenador de la casa sea unánime entre nuestros dirigentes y menos aún que esté a prueba de resultados (¿quién con peso real en el club ha hecho el más mínimo gesto convincente de apoyo claro al entrenador tras la dolorosa derrota frente al Granada?). Cierto es que muchos de nosotros esperábamos algo más del mercado de fichajes, especialmente después de habernos clasificado para Europa. Y cierto es que Gallego no se desenvuelve demasiado bien en las ruedas de prensa y de momento no ha dado muestras de ser capaz de revertir desde ahí la negatividad del entorno. Pero no puedo entender tantos rumores ni tanto pesimismo. Esto acaba de empezar y hemos conseguido el objetivo principal antes que teníamos para estas fechas: clasificarnos para la Europa League. ¿A qué viene tanto ruido de fondo?

Al hilo de esto último, me gustaría concluir solicitando a la afición en general y a los denominados creadores de opinión en particular que rebajemos el nivel de ruido. Ni unos ni otros tenemos la capacidad para decidir incrementos presupuestarios ni para cambiar la circunstancia de disputar tres competiciones, pero sí tenemos una gran responsabilidad en algo tan importante para la consecución de nuestros objetivos como es la creación del estado de ánimo colectivo. Por favor, seamos tan críticos como cada cual considere necesario, pero no subamos el listón de la exigencia por encima de lo razonable. E intentemos dejar de alimentar el negativismo en este arranque de temporada. Es más, creo que deberíamos intentar revertirlo. Aunque sólo sea para que nuestras ilusiones puedan volver a derrotar a las razones.