No nos engañemos, somos un club endogámico. Somos siempre los mismos en los mismos actos, y a menudo vemos a los que no son habituales como “extraños”. Nos hemos creado nuestro propio mundo, y no nos damos cuenta que no todo acaba en los círculos en los que nos movemos. Funcionamos por “amiguismo” y no por las capacidades que cada uno tiene. Todos los niveles del entorno perico están afectados por este mal. Y lo defino como “mal” porque nos cierra en nosotros mismos y nos impide abrirnos.

Es muy cómodo moverte en un ambiente familiar al cien por cien porque conoces a la gente desde hace años, pero al final sirve para crear un núcleo cerrado que se resiste a los cambios. Lo que venga de fuera, por desconocido, puede merecer nuestra desconfianza. Y así vamos perdiendo una oportunidad tras otra.

Quiero que se escoja todos los cargos por su capacidad, y punto. Ser perico es un plus que ha de servir para inclinar la balanza del lado de un candidato en el caso que haya igualdad de cualidades. Pero prefiero un buen ejecutivo que sea aficionado del Betis, que un ejecutivo mediocre que lleve veinte años de socio del Espanyol. El sentimiento perico se ha de reflejar en la grada, y en la medida que sea posible en el consejo de administración. Pero quiero a los mejores profesionales que podamos para, para que consigan que el Espanyol funcione cada día mejor.

Para evitar la endogamia hemos de abrirnos y buscar los mejores talentos que podamos tener. Sin fijarnos en sus colores. Está claro que tampoco podemos fichar a un seguidor fanático del Barça, porque no podríamos fiarnos al cien por cien de él, pero el mundo está lleno de profesionales que no ponen el fútbol por delante de todo, sean seguidores azulgranas, madridistas o del Zaragoza.