En un momento de épica como el que vamos a vivir en esta segunda vuelta de infarto el titular debería ser ‘la hora de los valientes’, pero el papel al que se han empeñado en relegar a los seguidores del Espanyol, sobre todo desde la venta del club y la ‘consagración’ del concepto ‘empresa de fútbol’ es el de clientes.

Siempre he insistido en que un club de fútbol debe ser, por esencia, populista, en el sentido de que todo lo que haga; cualquier iniciativa que se ponga en marcha, debe estar dirigida -o por lo menos parecerlo- hacia los aficionados. El recientemente cesado Roger Guasch nunca lo entendió así; sus luces largas le impedían ver las caras de los que estaban cerca y aunque su gestión económica fuera brillante ha acabado saliendo por la puerta de atrás.

Las opciones de salvación del Espanyol son mínimas, pero la tarea no es imposible. De hecho, ya se ha logrado en situaciones todavía peores. Es en situaciones como esta en las que un Club demuestra su grandeza, su capacidad para adaptarse, conjurarse y sobreponerse a la adversidad. El aficionado perico, el ‘cliente perico’, lo ha demostrado en multitud de ocasiones.

Pero ahora vivimos una realidad distinta. Se nos ha machacado tanto con la profesionalización del Club y la propiedad externa alejándolo del sentimiento blanquiazul -en el Consejo de Administración no se sienta ni un solo espanyolista reconocible-, que se vive una preocupante desmovilización de sectores otrora implicados a fondo en la vida y el desarrollo del Club, como muestra un botón: al vital partido contra Osasuna solo asistieron 13.000 socios.

Ni siquiera el miedo a la desaparición del Espanyol en caso de descenso, algo conjurado por otra parte, produce el efecto de terremoto entre la afición vivido temporadas atrás, porque entendemos que el problema nos es ajeno y es Chen quien deberá rascarse el bolsillo para salvar su inversión. Deportivamente todo apunta a que se hará el esfuerzo necesario para reforzar al equipo para dotar a Abelardo, un técnico con experiencia en batallas similares, de munición de combate.

Pero también hay que actuar socialmente. Es el momento de dar un giro a la situación. El primer paso: la llegada de José María Durán a la Dirección General apunta en la buena dirección, pero debe haber más gestos. Se debe planificar una acción social decidida con el objetivo de conseguir la permanencia implicando a todos los sectores del espanyolismo.

La afición perica será clave en la salvación del equipo / Getty Images

El Área Social, marginada en la última época, debe ser protagonista en este momento. Se deben organizar desplazamientos financiados por el club; una política decidida de regalos de entradas a los socios para que traigan aficionados al estadio, para conseguir un ambiente atronador y se debe premiar a la afición de forma clara y ostensible si se logra la permanencia, un 50% de descuento en el segundo carné de la próxima temporada, por ejemplo.

Entre la afición espanyolista hay mucho talento y creatividad y es tarea del Club movilizarlos con un objetivo común. No sobra nadie, siempre y cuando quede claro que la prioridad es asegurar el futuro inmediato del Espanyol. El que quiera utilizar al Espanyol para sus objetivos particulares debe apartarse del camino.

Un buen mensaje para la afición sería incluir en el Consejo de Administración a reconocidos espanyolistas, de esos que no necesitan, como los que hay ahora, cobrar cada desplazamiento en que representan al Espanyol porque lo hacen de corazón.

La tarea es titánica. Tocará remangarse a fondo para conseguir una segunda vuelta de Champions. La permanencia pasa, sobre todo, por lograr que ‘Corneprat’ se convierta en un fortín y no es un tópico: en el RCDE Stadium recibiremos en la segunda vuelta a Mallorca, Alavés y en un rush final no apto para cardíacos, a Leganés, Eibar y Celta.

Está claro que la estrategia del Club ha fallado estrepitosamente abocándonos, otra vez, al abismo, pero el momento de los lamentos ha pasado, ahora toca el de la épica y demostrar que queremos seguir en Primera porque somos un club de Primera.

Endavant Espanyol!