Escribo estas líneas tras la vergüenza del Sadar. Todavía con la sangre al punto de ebullición en mis venas y tras una larga retahíla de juramentos en arameo. De hecho ignoraba que tuviera tanto dominio del arameo; debe ser porque se trata de una lengua tan muerta como la competitividad del primer equipo.

El caso es que una vez pasado por las sucesivas fases de “deseo incendiario criminal”, “cabreo mayúsculo”, “resignación cristiana” y “esperanza malgré tout” y en un momento de euforia propiciado -sin duda- por un whisky escocés doble y el “Live at Leeds” de los Who a toda pastilla, he llegado a la conclusión de que vale… de acuerdo… bajar es un putadón… no hay que minimizarlo… pero tampoco magnificarlo hasta el drama, cual vulgar epidemia de coronavirus.

Miren, amigos lectores, no ignoro ni una sola de las consecuencias sociales, deportivas y económicas que conlleva bajar a Segunda División. Y si por uno de esos milagros que ocurren cuando no queda ya más que acogerse a la Divina Providencia -y que justamente por eso se llaman “milagros”- nos salvamos y continuamos en Primera me pimplo lo que falta de la botella de escocés y reviento los auriculares con el Alive de Kiss… que, por cierto, es un fraude porque no está grabado en directo en un concierto sino en un estudio y con efectos de sonido añadidos después…

El caso es que -consumada la tragedia y pese al gusto amargo en la boca- a la mañana siguiente del descenso seguiremos siendo españolistas, teniendo unos colores que defender, un equipo que animar y unas ilusiones por las que pelear. El RCDE Espanyol de Barcelona va a seguir estando ahí, nuestro estadio no desaparecerá como un castillo hinchable tras una feria y habrá unos partidos que disputar y unas gradas que llenar contra el Barça B… y contra el otro Barça, el Girona…

Sin duda nos tocará aguantar las chanzas crueles de nuestros vecinos de colores suizos y el entusiasmo mal disimulado de algunos opinadores, encantados de poder dar ¡por fin! la noticia del descenso pero… ¿cuándo no nos han dedicado burlas los gamperianos? ¿Cuándo no nos han hecho escarnio en los medios? Eso no querrá decir que no duela. ¡Claro que va a doler! Y seguro que echaremos la vista atrás… y ese recuerdo nos hará apretar los dientes para volver antes y para volver más fuertes.

Y seguro que habrá que pedir explicaciones desde el sentimiento y desde el orgullo herido.
Y seguro que habrá quien se bajará del carro cuando más hay que empujarlo entre todos. Pero los demás, señores… ¡¡¡seguiremos siendo pericos!!! ¡¡¡Seguiremos siendo españolistas!!!

Yo lo tengo claro. A la mañana siguiente estaré en la puerta del PAS para renovar mi carnet.