Fue una noche dura, muy dura para muchos. Las ilusiones que nos generó un gran final de campaña el año pasado se borraron de golpe. Fue como un viaje a la velocidad de la luz de la ilusión a la decepción con el añadido de un marcador abultado.

Y cuando digo muchos, son muchos porque engloba a todos aquellos que queremos al Espanyol. Empezando por nuestro presidente Chen. Que en un arrebato de compromiso decidió invertir lo que no está escrito para que nuestro querido Espanyol siga en la categoría que se merece. Y desde luego los aficionados que hemos hecho de todo, absolutamente de todo para que nuestro equipo no solo este en primera sino incluso para que exista. Y no digo nada esos 1200 valientes que llegaron a las Islas Británicas espoleados por su españolismo.

Y no se confundan, también sufrieron nuestros jugadores y a muchos les debió costar conciliar el sueño. No los jugadores del Espanyol, porque son nuestros jugadores, que evidentemente como son nuestros, son del Espanyol. Y como son nuestros les debemos tratar por mucho que su respuesta deportiva no sea la adecuada con el respeto que se merecen. El pasado jueves fracasaron y finalmente fueron vapuleados. Pero su intención desde luego fue otra y hubo una buena fase donde merecimos mucho más pero no pudo ser. Y están dolidos, esa sensación de amargura les embarga. Y entonces puede ser que reaccionen o puede ser que sin darse cuenta se dejen llevar por el desánimo.

WOLVERHAMPTON, ENGLAND – FEBRUARY 20: Victor Sanchez of RCD Espanyol looks dejected with his teammates after the UEFA Europa League round of 32 first leg match between Wolverhampton Wanderers and Espanyol Barcelona at Molineux on February 20, 2020 in Wolverhampton, United Kingdom. (Photo by Michael Steele/Getty Images)

Me gustaría contarles lo siguiente. Después del fracaso más importante de mi carrera deportiva donde teniendo una ventaja de 3 goles y faltando 45 minutos para finalización de una final no supimos levantar la copa, me sentí terriblemente abatido. Tuve una primera reacción de fortaleza porque no soportaba ver sufrir a mis compañeros, porque ellos no merecían lo que estaba sucediendo. Luego en la soledad me hundí como un idiota y sufrí un sentimiento de culpabilidad terriblemente angustioso. Y pensé que eso no me lo iba a quitar en la vida. Hasta que 24 horas después, los aficionados que volvían de Alemania en autocar, decepcionados y agotados tuvieron las agallas de ir a nuestro encuentro y empezaron a corear “Que más da, que más da”. Entonces entendí que no solo estaba jugando en el club de mis amores sino que lo estaba haciendo en el club mas grande y generoso que puede existir.

Me gustaría que dejemos de lado nuestra decepción. Que entendamos que el deporte tiene estas cosas y que mejor que nadie la afición del Espanyol sabe que se puede fracasar en la competición. Pero donde no podemos fracasar es en demostrar que volvemos a ser los mejores, los más grandes. Y que nuestra generosidad demostrada en innumerables ocasiones vuelve a aparecer. Les aseguro que sin nos comportamos de esta manera nuestros jugadores van conseguir que Espanyol conserve su categoría. Recriminar a estas alturas a nuestros jugadores es como si nos recrimináramos a nosotros mismos. Arremanguemonos, preparémonos para lo más duro, pero nunca, nunca tiremos la toalla y ni mucho menos abandonemos a nuestros jugadores.