Desde que tengo uso de razón no recuerdo que el Espanyol tuviera un patrón de gestión deportiva definida. Es verdad que con Meler en la Presidencia aparecían chilenos y paraguayos en función de los viajes que Don Manuel tenía programados por América como presidente de la Compañía General de Tabacos de Filipinas. Los Carlos Caszely, Ortiz Aquino, Osorio, Cino, ‘Gato’ Fernández, Aifuch o Morel, son de esa época. Los disfrutamos de lo lindo, eso sí.

“I love Cantera”

Después, creo que con Julio Pardo al frente del club, apareció el recordado “I love Cantera”. No sé si era una apuesta valiente para definir una modelo de club, o más bien una respuesta a la precaria situación económica del momento. Fuera la intención que fuera, ese “I love Cantera” nos marcó una personalidad y fue aplaudido por la hinchada. Parecía que ¡por fin! poníamos el rumbo fijo a un estilo de club. Barça y Madrid tenían la chequera como signo distintivo; el Athletic de Bilbao, el adn vasco; el Osasuna, el rigor empresarial… y el Espanyol: la cantera… Parecía que entrábamos en una nueva fase. No sé cuando se torció ese planteamiento ilusionante, pero nos dejó huérfanos de personalidad. Volvíamos a ser un club del montón, fichando sin ton ni son para sobrevivir.

Dar entrada a los jóvenes

Es verdad que con Òscar Perarnau hemos recuperado seny en la parcela deportiva. Se da entrada a los jóvenes del plater, y lo poco que se ficha se hace con cabeza. Borja Iglesias, por ejemplo. Pero todavía tenemos hipotecado parte del Primer Equipo tras dejar que Quique Sánchez Flores fichara sin criterio y capricho: Naldo, Roberto, Álvaro… son sus trofeos; y suerte que se fueron con su astronómico sueldo Jurado y Javi Fuego. Pero todavía nos falta definir el modelo deportivo…

Hacer grande la Espanyol

¿El RCD Espanyol podrá ser grande algún día? Estoy convencido que sí. Pero para eso la directiva debe parar, reflexionar y soñar con aspirar a lo máximo. Otros lo han logrado, y no con los petrodólares de los jeques o los amigos de Putin. El FC Porto, más conocido como Oporto, es el ejemplo en el que nos podríamos mirar el RCDE.

En 13 años más de 20 títulos y 240 millones de beneficios

¿Qué tiene de especial el Oporto? Pues que hace 13 años –en 2005- fichó como director deportivo y responsable de los fichajes del club a Antero Henrique, un autodidacta, que desde los 18 años trabajaba para el club como chico para todo. Si estudios ni formación académica, Henrique pasó de ser jefe de prensa y encargado de las relaciones institucionales del club, a ser el todopoderoso jefe de la parcela deportiva. Y en tan sólo 13 años, ¡13 años! el FC Porto se convirtió en una máquina de ganar títulos (20 entre nacionales e internacionales), y ganar dinero (240 millones netos).

Una revolución de Antero Henrique

¿Cómo consiguió Antero Henrique darle la vuelta al Oporto? Creando una revolución que algunos la han bautizado como “Método del Oporto”. Otros la denominan “reconstrucción permanente”, ya que lo que Antero Henrique ha implantado en el club es un modelo de funcionamiento en el que no hay pausa. El equipo debe estar en permanente cambio. Se compran jugadores jóvenes, baratos y con potencial, y una vez que han triunfado, se les vende por cifras siderales. Y así todos los años. Se compra barato y se vende caro. De esta manera el FC Porto presenta un balance anual contable envidiable: tiene un beneficio neto (lo vendido menos lo comprado) de 30 millones de euros.

El secreto del éxito del Oporto

Y los tres pilares de esa revolución se asientan en la captación-fichajes; paciencia-confianza y, audacia-riesgo. Para los fichajes Henrique tiene una política muy clara: nada de comprar jugadores consagrados o veteranos. Sólo se fija en jugadores jóvenes, con capacidad de crecimiento, baratos y desconocidos. Sus 250 ojeadores repartidos por el mundo tienen pues un protocolo muy claro a la hora de trabajar, al que se le añade otra característica: deben buscar a ese tipo de jugadores en ligas desconocidas. De esta manera descubrieron al brasileño Hulk en un equipo de la Segunda División japonesa, comprando el 50% de sus derechos por 5 millones de euros, para venderlo, años después, por 60 millones al Zenit de San Petersburgo.

“Reconstrucción permanente” del equipo

Una vez que han fichado a ese jugador con potencial se le da confianza, y se le transmite paciencia. Lo miman y lo llevan de la mano hasta que da el salto al Primer Equipo. Y, el tercer factor, quizás el más importante, es que el Oporto asume riesgo. Tiene audacia para abrir “ventanas” en cada una de las demarcaciones del equipo. Esa “reconstrucción permanente” del equipo les lleva a apostar decididamente por esos jugadores jóvenes que deben dar el salto. En su momento vendieron a Carvalho, al Chelsea, por 30 millones. Y lo sustituyó un desconocido brasileño de nombre Pepe fichado por dos millones al Marítimo de Madeira. A los dos años le dieron el pase al Real Madrid por 32 millones. Y así actúan en todas las demarcaciones.

¿Se aplica ya el “método del Oporto” en el Espanyol?

Con la dupla Perarnau-Rubi hemos visto como el “método del Oporto” asoma su patita en el Espanyol. Salvo el lógico fichaje del panda Iglesias y la cesión de Rosales, hay audacia en el club. Se apuesta de nuevo por la gente de la casa y se les da protagonismo. Hay una determinación por llevar a estos jóvenes que no tienen nombre ni minutos en Primera, a cotas más altas.

Ojalá esa “reconstrucción permanente” que ha hecho grande al FC Porto se implante en el Espanyol con carácter de indefinida. Posiblemente hay más caminos para ver a un Espanyol grande, pero este rumbo marcado por Antero Henrique, hoy director deportivo del PSG del jeque Nasser Al-Khelaifi, puede ser la “piedra filosofal” para ver al RCDE, en poco tiempo, en lo más alto.

Álex Rosal es editor de Voz Perica

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