Como casi sin darnos cuenta llega enero y con ello el nuevo año, a una velocidad apabullante van transcurriendo los acontecimientos, la vida es un rodillo que no espera a nadie. Y el universo blanquiazul no es menos.

Con ello el mercado invernal, en el que la dirección deportiva va a tener la oportunidad de estar a las circunstancias del momento. Los primeros en coger el telefonillo han sido los de siempre (Villarreal) y su interminable insistencia en Gerard Moreno. Si el club quiere afianzarse definitivamente al proyecto al que parece que le cuesta adherirse, Moreno no debería dejar el club.

Gerard Moreno en una acción durante esta temproada
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Si finalmente lo hace, tendremos una excelente oportunidad de ver el trabajo de nuestro director deportivo (Lardin), encontrado un recambio de garantías.

Si esto sucede, los haters no podrán señalar al entrenador.

La afición blanquiazul vive en una continúa montaña rusa de sensaciones, capaz de ensalzar al equipo en los buenos resultados, hasta el punto de exigir competiciones europeas y tirarlo todo por tierra en la derrota. Quizás forme parte de nuestro ADN autodestructivo, o simplemente, sea nuestra manera de vivir o entender al amor de nuestras vidas.

Las aspiraciones en igualar los resultados ligueros de la temporada anterior se reducen con las derrotas de Mendizorroza e Ipurua, o esa que sigue atormentando mi cabeza las noches que no concilio el sueño, la de en casa con el Girona.

En senda de años difíciles como este, la esperanza prevalece en la Copa, pero la derrota puso una vez más en evidencia, a un equipo que ha sucumbido ante rivales inferiores y que todavía no ha conseguido la victoria fuera de casa.

A pesar de todo, pertenezco a esos insaciables que no se cansan de defender a este escudo, que sigue creyendo que la aventura en la copa no ha acabado, ¡la remontada es posible!

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