“Son de Cornellà. Están cada vez más desarraigados de Barcelona. Tienen un presidente chino. Pueden decir que son de Italia, China o Tabarnia”. Estas son las declaraciones de un futbolista, Gerard Piqué, que ha demostrado con sus declaraciones polémicas que es un bocazas. Igual le es útil para su futura campaña electoral como presunto presidente del Barça el decir cosas de este estilo, pero para el resto de la humanidad le retrata.

Parte de la afición del RCD Espanyol no estuvo bien al insultar a la familia del central azulgrana. La grada perica ha de ser más lista, aunque sea solo por interés, para que no nos metan un multazo, porque al final los “grandes” son los que dominan los organismos federativos y las varas de medir son las que son. Te puedes reír de un impresentable como Piqué sin atacar a Shakira. No nos pongamos a su nivel.

El central azulgrana está a la altura del hooligan británico más radical con sus continuas salidas de tono. Es una vergüenza para el deporte catalán y para el deporte español que alguien que debería dar ejemplo sea el primer incendiario. El central culé no puede quejarse en absoluto que en casi todas las gradas de España le piten, porque se lo ha buscado con sus ansías infinitas de notoriedad.

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