He querido esperar unos días para poder analizar con más tranquilidad y de forma ecuánime la situación que se ha producido con Rubi. Vamos por partes….

Estos días hemos leído y escuchado opiniones diversas acerca del tema que nos ocupa. Todos estaremos de acuerdo en que es lícito para cualquier ser humano buscar lo mejor para sus intereses. Por supuesto. Es normal que ante una oferta económicamente interesante y un proyecto profesional atractivo la persona se plante un cambio. Lógico. Un ejemplo ilustrativo sucedido en nuestro club hace algo más de un año: QSF, decepcionado porque el proyecto que le vendieron no se estaba cumpliendo, se planteó volver a la Premier para progresar económica y deportivamente.

Otro tema es cómo acabaron las cosas. Se quedó a regañadientes, perdió la ilusión del año anterior y finalmente fue destituido. Podemos discutir acerca de su actitud los meses posteriores o de lo desacertado de la decisión del club por mantenerlo, pero lo que está claro es que allí primaba un tema profesional sobre todo lo demás. Lo mismo que pasa en la inmensa mayoría de los trabajadores del mundo del deporte o de otras profesiones.

Mi opinión es que en la situación de Rubi influyen otras variables que la hacen sustancialmente diferente. En primer lugar él siempre se había definido como “perico”. Desde la primera rueda de prensa habló de “volver a casa”. Nos contó que estaba “cumpliendo un sueño”. Finalmente cuando conseguimos la clasificación para Europa nos hablaba de lloros y de “los mejores momentos de su vida”. Por tanto en este caso existe una clarísima vinculación emocional con el club. Por otro lado desde el inicio Rubi siempre habló del “proyecto”. Cuando las cosas iban bien, pero sobre todo cuando las cosas se torcían, el proyecto lo justificaba todo y el resto de temas pasaban a un segundo lugar. Por eso la mayoría entendimos y aceptamos su no destitución en enero, aunque muchos no compartíamos tal decisión. Estos meses hemos visto que las ruedas de prensa de Rubi eran “especiales”: el proyecto y el sentimiento siempre han ocupado el espacio central del discurso. Ni los resultados ni el juego eran tan importantes como expresar emociones o hablar del futuro. Como podemos ver en este caso las circunstancias traspasan notablemente el ámbito profesional. Cualquier planteamiento basado exclusivamente en un presunto progreso económico y laboral se antoja harto insuficiente.
¿Que pasa cuando en un ser humano a nivel laboral coinciden múltiples variables favorables?

¿Es tan importante el dinero (ojo, estamos hablando de profesionales que ganan millones de euros) para condicionar nuestras decisiones? ¿Tiene lógica decidir perdiendo de vista los factores favorables? Repasemos lo que podía pensar Rubi hace una semana: “Estoy en el club de mi vida, tengo un fantástico equipo de trabajo, me siento identificado con el proyecto, la mayor parte de jugadores son de mi agrado (algunos incluso apuestas personales mías), la afición me aclama, tengo reconocimiento social, he conseguido éxito y estoy por encima de los objetivos trazados, me ofrecen un aumento de sueldo y voy a cumplir un sueño: jugar en Europa con mi equipo”. Evidentemente ante esta situación es impensable un cambio y una decisión como la que ha tomado a menos que alguno de los factores presupuestos sean falsos o exista alguna variable externa que desconocemos.

Visto todo lo anterior aún no me he repuesto de la sorpresa al ver el desarrollo de los acontecimientos a lo largo de estos últimos días. Después de tantos años aún me siguen sorprendiendo los comportamientos humanos y la toma de decisiones en momentos claves de la vida de las personas. Por ello he intentado analizar que puede haber provocado el comportamiento de Rubi en base a emociones o actitudes humanas:

El miedo: Quizás Rubi tiene miedo al fracaso. Tras una trayectoria deportiva como entrenador poco exitosa posiblemente no confía del todo en sus posibilidades y no cree pueda repetir el éxito de este año. Por eso pone punto y final a su relación con el Espanyol aunque le duela tomar tal decisión.

La avaricia: Una cifra económica alta puede nublar cualquier otro razonamiento en una gran parte de los seres humanos. El dinero a veces puede con las emociones, los sentimientos, las ilusiones. Arrasa con todo.

La ambición: Quizás Rubi cree que puede conseguir más éxitos en el Betis que en el Espanyol. En este caso la ambición por los éxitos deportivos hace que deje las emociones y el resto de condicionantes a un lado.

El desengaño: Es posible que Rubi haya hablado con los máximos responsables del club y crea que el próximo año el proyecto no puede sostenerse porque no se va a reforzar suficiente el equipo. Se siento desengañado, dolido y se va.

La mentira: Quizás Rubi no es perico, ni quiere al club como nos dijo, ni hay sentimiento de por medio. Si esto fuera así podemos entender la decisión tomada desde una óptica meramente profesional y económica.

El engaño: No había un proyecto claro ni Rubi creía en él. Todo era un discurso vacío para justificar posibles fracasos deportivos. Si estamos implicados en un proyecto y creemos en el, difícilmente lo abandonaremos a medias y sin luchar.

La ingratitud: Los máximos responsables del club le defendieron a capa y espada y tras una racha de derrotas inaceptable le mantuvieron en el cargo. Por ello se hace difícil entender la decisión tomada a menos que existan circunstancias que desconocemos o que la persona implicada carezca de la virtud del agradecimiento.

Con toda seguridad se trata de una mezcla de situaciones. Sería interesante saber si la decisión ha sido personal o la ha tomado excesivamente influido por otros. Por otro lado la rapidez con la que han sucedido los acontecimientos hace pensar que todo ha sido precipitado, impulsivo y poco reflexionado.

Qué ha pasado realmente quizás jamás lo sabremos. La verdad solo está en la cabeza de Rubi. Lo que si parece claro es que se trata de una decisión difícilmente justificable, poco lógica y arriesgada. Tras un éxito (como pasó en Huesca) repite el comportamiento, se cierra una puerta (según él decía era la de su casa) para siempre y se va a un club en el que le van a exigir más que aquí y difícilmente le van a perdonar lo que aquí se le perdonó.

Los pericos hemos perdido a un entrenador con el que nos sentíamos identificados, al que considerábamos uno de los nuestros, con el que hemos disfrutado de un equipo bipolar, capaz de entusiasmarnos con su juego y a los pocos minutos desesperarnos por su fragilidad.

Hemos perdido a una persona optimista, risueña, que nos parecía valiente aunque a veces en exceso y que nos hizo vivir la tarde más mágica de los últimos doce años. Una tarde que pasará a nuestra historia con letras de oro. Que pena que todo acabe como ha acabado. Aún así, gracias Rubi por todo lo que nos has dado y que tengas suerte allá donde estés.