Marcet fue un futbolista atípico. Nacido en Terrassa, era todo un señor en la calle y en el césped, con una gran capacidad de síntesis en el terreno de juego, creador y resolutivo. En definitiva, lo hacía todo sumamente fácil. Tanto es así que le llamaban “el coco” y “el maestro”. Formó parte del “equipo del oxígeno”. El nombre procede de los método psicológico empleado por el entrenador Alejandro Scopelli de inhalar oxigeno durante la media parte en el vestuario. De esta manera, según él, facilitaba la recuperación.

Pero Marcet destacaba sobre todo por su caballerosidad

Hay una anécdota ilustrativa. Se enfrentaba el Espanyol a la Real Sociedad en Sarrià. En uno de los lances de juego, Marcet es derribado en el área y, el árbitro, de espaldas a la jugada, no puede ver nada y, por lo tanto, no pita nada. Pero Marcet, desde el suelo, con ademán suave, le reclama al árbitro el penalti con educación.

Era tal la fama de honradez de Marcet dentro y fuera del terreno de juego, que su buen nombre le precedía. El árbitro, claro, con estos antecedentes, señaló la falta dentro del área.

Marcet jugó en el Espanyol entre 1950 y 1957. Participó en un total de 174 partidos oficiales y marcó  68 goles.