En ocasiones en nuestras vidas los seres humanos nos enfrentamos a situaciones para las que no estamos totalmente preparados. Un golpe de suerte, circunstancias favorables, decisiones de otros que acatamos como nuestras, la ilusión por un proyecto o un conjunto de factores diversos nos llevan a tener que enfrentarnos a un reto, a priori, difícil de superar. Ante estas situaciones para lograr el éxito deben conjugarse dos factores clave. El primero, evidente, estar a la altura de las circunstancias. El segundo, para mi tan o más importante que el primero, contar con el apoyo y la confianza de las personas que nos rodean. Solo conseguiremos el éxito deseado si el segundo factor actúa como base para que el individuo crezca día a día, se supere y gracias a la confianza en sí mismo que va adquiriendo con el paso del tiempo acabe superando el reto.

En nuestro Real Club Deportivo Espanyol se ha producido de nuevo una situación que nos puede llevar a reflexionar acerca de lo antes mencionado. Veamos….

David Gallego llega al primer equipo con un bagaje de experiencia escaso. Su trayectoria así lo indica. Jugador de categorías modestas, tras retirarse del fútbol activo trabaja en diversos empleos también modestos y entrena al equipo de su pueblo. Una llamada del club de sus amores, el Espanyol, le lleva a entrar en el fútbol base. Allí consigue pleno de éxitos en pocos años que le llevan al segundo equipo e incluso a ser entrenador provisional del primer equipo durante cinco partidos. Humilde, trabajador, honrado, sincero, apasionado, así se muestra y así cautiva a la afición y a la dirección del club. Pero la pregunta es, ¿estaba David Gallego preparado para entrenar en Primera División? Posiblemente por conocimientos del mundo del fútbol, por resultados, por actitudes referentes al trabajo diario, la respuesta es si. Pero el fútbol de élite y la idiosincrasia de un club como el Espanyol es otra cosa. Y ahí entra, como he mencionado antes, el segundo factor. Un entorno favorable, el apoyo, el acompañamiento, la confianza de los que le rodeaban podían hacer que David Gallego completara su crecimiento personal y a sus cualidades humanas y profesionales sumara lo más difícil: manejarse y sobrevivir en el fútbol de élite.

Analicemos qué situaciones han rodeado a Gallego….

La actitud de la dirección deportiva, que podemos dividir en dos situaciones interrelacionadas. La primera, el rumor que todos hemos oído desde el primer día: Gallego no era el candidato del Director Deportivo de nuestro club. Parece que nunca contó con la confianza de éste al ser cercano a Jordi Lardín. Si así fuera, nos encontraríamos con la paradoja de que Gallego desde el inicio cuenta con la oposición de la dirección. ¿Hay algo que pueda hacer más daño a un inexperto que la desconfianza de un jefe? Sea o no sea cierto el rumor lo que también es claro y evidente es que nadie del club, salvo Joan Capdevila la última semana, ha salido nunca a defender el trabajo del técnico.
La segunda, posiblemente como consecuencia de la primera, es que David Gallego nunca ha contado con el acompañamiento de la dirección deportiva que en su caso era tan necesario. Un entrenador inexperto en el que confías pero sabes que presenta ciertos déficits requiere de tu apoyo continuo, de dotarle de todos los medios necesarios para asesorarle desde el primer día. Lo contrario es dejarle expuesto a su suerte.

La actitud de la mayor parte de la prensa perica. Ya desde el inicio de temporada David Gallego recibió ciertas críticas. El sistema de juego, el rendimiento de los jugadores, las alineaciones,… Pero fue a partir de la primera derrota con el Sevilla donde se desató el acoso y derribo.

Sorprendentemente a finales de agosto y con apenas unos pocos partidos jugados ya se pedía desde programas de radio o prensa escrita la destitución del entrenador. Es evidente que Gallego ha tenido un problema importante de comunicación con los medios. Su falta de experiencia y el no estar bien asesorado le ha llevado a equivocarse en la forma de comunicar: aceptar mal las críticas, no reconocer los errores, alguna frase fuera de tono, no mostrarse “simpático”,.. Todo esto posiblemente se lo puede “permitir” un entrenador de “perfil alto”, pero no un debutante. Duele que la prensa perica no haya entendido la situación y apoyado a Gallego, uno de los nuestros.

La actitud de una parte de la afición. Creo que algunos no han sido justos con Gallego. Por desgracia este es un mal endémico en nuestro club. Paco Flores, Ramon Moya, Tintín Márquez, Sergio, incluso Pochettino,…¿Como fueron tratados todos ellos por una parte de la afición siendo grandes pericos? Parece que en nuestro club si eres de la casa, si sientes los colores, algunos no te perdonan ni una. Yo estas últimas semanas he sentido vergüenza ajena, pena e indignación oyendo y leyendo comentarios acerca del antiguo trabajo de David Gallego, su forma de hablar o su preparación. La burla, la mofa, el clasismo, algunas gotas de supremacismo y cierta dosis de crueldad, un poco de todo. Nadie se merece estos comentarios, pero menos aún un currante honrado y luchador como Gallego.

La actitud del vestuario. Desde el inicio de la temporada la actitud de algunos jugadores ha sido desconcertante. Recuerdo en agosto cuando algunos miembros del vestuario hablaban de “asimilar el sistema”, “adaptarse a lo que pedía el entrenador”, incluso alguno hablaba de “entender” lo que pedía el mister. Inaudito. Que jugadores de élite, muchos de ellos con muchos años de experiencia en Primera División hablen en ese tono crea muchas dudas. ¿Realmente tenemos que creer que era todo tan complicado o había un trasfondo que desconocíamos?

David Gallego dando instrucciones durante un partido

Lo que está claro es que a partir de ahí saltan las alarmas acerca de discrepancias entre vestuario y entrenador. El posterior postureo, los abrazos o los mensajes de unidad no sirvieron de nada. La semilla de la duda y la desconfianza ya estaba sembrada.

La culminación y ejemplo ilustrativo de los cuatro factores mencionados la tenemos en el último partido de Gallego, en Mallorca. Ante un partido vital, jugando con el equipo que iba detrás nuestro, pudiendo salir del descenso con una victoria y tras el buen partido de Moscú ningún dirigente se desplaza con el equipo, la prensa habla de cese y de que esa semana se había visto a Machín por Barcelona, una parte de la afición menosprecia e insulta al entrenador, incluso algunos aficionados dicen “alegrarse por las derrotas del Espanyol”. Respecto a la actitud del equipo, escandalosamente indolente y apática, algo ya visto en otros partidos como ante la Real Sociedad o el Granada, no merece más comentarios. Incluso la actitud de Gallego, con los hombros caídos, sin apenas levantarse del banquillo, sin reaccionar haciendo cambios, repitiendo la alineación de Moscú de 60 horas antes cuando hasta entonces se le acusaba de cambiar demasiado el equipo. Totalmente bloqueado, sin respuesta, sin actitud. Todo hace pensar que la suerte ya estaba echada y que la mayor parte de los interesados ya lo sabían. Triste y esperpéntico final.

¿Que hubiera pasado si Gallego hubiera tenido el apoyo de todos los agentes implicados?
¿El resultado final hubiera sido el mismo? ¿Todo hubiera acabado igual? Nunca tendremos repuesta a estas preguntas pero a mi entender ni el club ni su entorno ha estado a la altura. Si este año clave en el crecimiento de nuestro club se apostó por un entrenador de la casa, sin experiencia y con mucho que aprender a ciertos niveles, tenía que haber sido apoyado hasta el final con todas las consecuencias. Por parte de los jugadores, la mayoría de los cuales lo conocen desde hace años. Por parte de la dirección deportiva, porque es su deber apoyar de forma incondicional a los trabajadores del club y darles todo el apoyo que necesiten. Por parte de la afición y la prensa perica, entendiendo que es uno de los nuestros, que viene desde abajo y eso tiene mucho mérito, que ha defendido siempre al Espanyol a capa y espada. Porque el 90% de la afición según las encuestas y la prensa de forma unánime apostaron por él tras la salida de Rubi.

Ya sabemos que el hombre es un lobo para el hombre. Que en ocasiones como en las manadas de lobos se ataca y destroza al más débil, al solitario. Con crueldad, con saña. Como me decía hace unas semanas un periodista perico de los de verdad: el problema de Gallego es que está solo. Así ha sido. Que pena. Solo.