El Gobierno nos dice que esto va en serio y que el dichoso Covid-19, mata. Nos pide prudencia y que mantengamos un metro de distancia o dos a la hora de comprar los potitos del niño. También nos pide que llevemos mascarillas: el virus se infecta vía oral, y cuidado con hablar con la vecina del quinto sin las debidas precauciones. Si toses delante de ella cúbrete con el codo. Que nos lavemos las manos y nada de abrazarnos con el primero que pasa por la calle.

Fernando Simón, el gurú de la cosa, se ha puesto muy serio con lo del deporte: “Cuando se hace deporte conviene que la distancia sea de cinco metros”. Y los médicos que saben del coronavirus, advierten: “La práctica deportiva es la actividad que más riesgo de contagio conlleva”. Y, remachan: “Es altamente nocivo de ir ‘a rebufo’ de otro deportista”. 

Todas estas advertencias son válidas para el común de los mortales, pero no para los futbolistas. ¿Por qué? Algún político ha vomitado que “los futbolistas tienen que distraernos”. Y los del dinero (LaLiga, Mediapro…) dicen que pierden muchos cuartos con los jugadores parados.

Seguro que todos los futbolistas han leído las recomendaciones de los expertos y, casi, casi, las han interiorizado:  “Quédate en casa. Salva vidas”; ”Mantén el distanciamiento social”; “Tose cubriéndote con el codo”… Todo esto está muy bien, pero no va para ellos. Creo que los clubes deberían contratar a un psicólogo para que desprograme a los futbolistas, y eso se lo pido encarecidamente al Espanyol. Un psicólogo que le diga a los chicos a la cara que “se olviden de mantener la distancia de cinco metros con el adversario”. Así, con dos cojones. Y que ceda la palabra a Abelardo para que dé las instrucciones de campo: “Cabrera y Espinosa. Sí, vosotros dos. Nada de mariconadas. En el córner os quiero abrazando e incordiando a los delanteros. David López, David López, intensidad, intensidad. Contacto, contacto. Pegadito al contrario. Víctor Sánchez, al rebufo, Víctor, al rebufo, que no se te escape ninguno en la medular…”.

Me imagino que algunos jugadores llegarán al campo programados con el mantra de “mantén el distanciamiento social” y serán exquisitos con el contrario; y otros, jugarán a lo de siempre: piel con piel, y sudor con sudor…

Por su parte, los sindicalistas de los futbolistas, la AFE, que suelen ponerse muy dignos a la hora de defender las perras de los jugadores, e incluso amenazan con parar el fútbol, si es necesario, ahora ni están ni se les espera para algo mucho más importante: defender la vida de los jugadores.

Lo dicho: tenemos un virus que mata… pero no a los futbolistas.

Álex Rosal