De un tiempo a esta parte a la mayoría de los pericos no nos gusta jugar derbis.
La diferencia en el aspecto deportivo se ha convertido en abismal y necesitas una gran dosis de suerte a la vez de que ellos no tengan un buen día para poder sacar algo positivo.

Pero si ustedes reflexionan verán que curiosamente, para los culés (jugadores incluidos) tampoco les resulta cómodo ni agradable jugar en nuestro estadio. Resulta curioso ver como uno de los equipos más caros del mundo y de la historia del deporte, mira de reojo el partido del domingo cuando lo tienen absolutamente todo a favor, incluyendo medios de comunicación e incluso arbitrajes “parciales” (estadísticamente hablando).

Créanme, no les gusta. No les gusta ver como una afición realiza una manifestación de heroicidad y sabiendo de antemano que tiene todas las de perder, agarra su bufanda, su bandera y va a animar a su equipo a pesar del resultado. No les gusta comprobar como no son queridos en toda Catalunya, ni comprobar como toda su propaganda no cala en todas las mentes de su propia ciudad.

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No les gusta ver que tras 117 años donde un club al que han intentado e intentar pisar y hacer desaparecer, sigue aquí con una afición irreductible que seguirá apoyando a sus jugadores pese a que el resultado no acompañe. No les gusta ver como Cornellá, ciudad infravalorada por uno de sus jugadores de referencia, se vuelca con el equipo pobre, el equipo de la cantera y de los verdaderos valores.

Les duele, créanme. Ellos no entienden este sentimiento. Ellos se miden por otros parámetros. Y no hay mejor insulto que les podamos dedicar ni nada que les pueda doler más que ver como animamos sin cesar a nuestro equipo durante todo el partido. Que vean y noten que los pericos no nos rendimos jamás y que pese a por mucho que lo intenten, seguiremos estando aquí al menos 117 años más.

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