El Espanyol empieza a tener mimbres de solidez. El intenso trabajo realizado en esta pretemporada sigue dando sus frutos y los blanquiazules continúan mostrando su progreso día a día. La última víctima, el Nàstic.

El quinto y penúltimo partido de la pretemporada blanquiazul coincidió en el calendario con el día de presentación del Nàstic ante su afición. Pese a que el Nou Estadi no presentó una gran afluencia de público, lo que sí se vio en al grada es el animoso estado del público con un equipo que le contagia de eso, de dinamismo, de intensidad y de ganas de agradar.

Así es el Nàstic de Gordillo, un equipo que se mueve bien posicionalmente, pero también un rival duro, asfixiante, intenso, uno de esos equipos que no elude el contacto físico.

Por el contrario, el nuevo Espanyol de Rubi muestra detalles de lo que quiere hacer, de mandar sobre el terreno de juego, de tomar la iniciativa. Posiblemente, a estas alturas, le sobra cansancio y le falta oxígeno para darle toda la continuidad posible al juego que propone, pero aún así, una vez superada la inicial presión del Nàstic, los blanquiazules buscaron una y otra vez la meta de Bernabé.

Puado, de cabeza, primero y un remate cercano de Naldo, que el meta rechazó con el cuerpo, sirvieron para evidenciar que los blanquiazules querían mandar desde el inicio. Diego López fue un espectador durante muchos minutos, mientras que las oportunidades, se iban sucediendo con cierta continuidad sobre la meta de Bernabé. La más certera, la que puso por delante el Espanyol, nació del convencimiento de Marc Roca de romper la línea de presión contraria con un regate, continuar con un pase a Puado, un taconazo intencionado de éste para la banda por la que corría Piatti y el centro medido del argentino para Baptistao, que golpeó con la certeza de que la pelota acabaría en las redes. Y así fue.

Tras el descanso, el Espanyol comenzó acelerando y, cuando aún no se cumplía el primer minuto de la segunda mitad, Álvaro puso a prueba a Bernabé con un gran chut desde la frontal del área. El delantero catalán, muy activo generando huecos para sus compañeros, lo fue intentando de todas las maneras posibles.

A partir del primer tercio de la segunda mitad, llegó el carrusel de cambios en ambos equipos y pareció, por momentos, que el partido ganaba en intensidad. Así debió ser cuando Fali persiguió y golpeó a Víctor Sanchez tras un forcejeo. El colegiado expulsó al centrocampista local y amonestó al blanquiazul.

Los de Rubi optaron por hacer que la pelota corriera con más precisión y decisión y de ahí nació el segundo gol visitante. Borja persiguió una pelota en ataque, superó al central, dribló a Becerra y marcó a puerta vacía. El 0-2 reflejaba el control que los blanquiazules habían ejercido hasta entonces y sirvió para cerrar un partido lleno de control, esfuerzo y decisión de mejora.

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