Incomprensiblemente comenzamos una nueva Liga de 11 partidos, 33 puntos, con un mínimo de 6 puntos de desventaja, probablemente 9. Nada que perder, porque ya perdimos todo lo que tuvimos que perder. ¿Difícil? Por supuesto. ¿Imposible?

Les contaré unas historias sobre mi querido RCD Espanyol de Barcelona, que no por conocidas debemos olvidar:

Primera. En 1900, cuando se fundó el club en Barcelona no podíamos ni siquiera jugar, el futbol era el deporte de las élites extranjeras (entre suizos y británicos andaba el juego) y un grupo de estudiantes consiguió jugar, el equipo español. Y consiguió crecer, consolidarse, e incluso ganar. ¿Imposible?

Segunda. A finales de los 80, Europa estaba reservada a los equipos grandes y poderosos. Y conseguimos jugar. No íbamos a pasar ni una ronda, nos tocó un histórico alemán, y bajo la lluvia de Sarria los arrasamos, después el Milán, el Inter, y vencimos, y después Chequia, y el Brujas, estábamos fuera, y remontamos. Y el RCD Espanyol de Barcelona jugó una final europea. ¿Imposible?

Tercera. Año 2000. Un Espanyol que incorporó a unos jovencitos de la cantera en el primer equipo llega esforzadamente a la semifinal de copa con el Real Madrid todo poderoso, ¡estos ya están eliminados! y pasó todo lo contrario, los eliminamos. Final ante el Atlético y les ganamos. Campeones de copa. ¿Imposible?

Por último, el milagro del 2006, nuestro RCD Espanyol no iba bien en liga, pero se planta en la final de copa, ¡otra vez! Contra un Real Zaragoza que jugaba muy bien y era claro favorito; les arrasamos 4-1. ¿Imposible? No. Porque los nuestros ganaron el partido antes de comenzar, el autocar de los jugadores pasó entre miles de aficionados pericos camino del Bernabéu, y Zabaleta ¡esos argentinos! se levanta y empieza a cantar eufórico, se sabían ganadores por la gente, porque no jugaban 11 aquella tarde, jugábamos 30.000 pericos. En cada carrera, en cada balón dividido, en cada remate a portería, nuestros jugadores tenían la fuerza de 30.000, no estaban solos, tenían el apoyo incuestionable de toda esa afición que nunca ser rinde, que siempre sobrevive, que siempre pelea y que nunca falla. Poco tiempo después, ya estábamos en segunda y llegó el gol de Coro para quedarnos a estrenar el Estadio de Cornellá en primera división, y de rebote condenamos al Deportivo Alavés.

El Alavés, primer rival de nuestra imposible liga de 11 partidos. Ganaremos y haremos todos juntos que pase una vez más lo imposible. Transmitiendo indudablemente a nuestros jugadores la fuerza de los 30.000 pericos que tienen detrás pase lo que pase, ¡la poción mágica! No podremos hacerlo en el estadio, pero lo podemos hacer desde fuera, desde Sant Adrià hasta Cornellá, en cada partido, en todos los entrenos previos, desde la calle, para que alguno de los nuestros rompa a cantar en el autocar y ya se sepan ganadores del partido antes si quiera de cambiarse. Así haremos que pase lo imposible, y seguiremos resistiendo en nuestra aldea gala como Astérix, a pesar César.