Es un hecho que estamos en segunda. Matemáticamente es obvio que no, pero a nivel de sensaciones y viendo lo que vemos semana tras semana…

¿Y ahora que hacemos? ¿Nos resignamos y nos vamos haciendo a la idea para poder digerir el disgusto con más calma? ¿Nos acordamos de los familiares de los responsables que con sus decisiones nos han traído hasta aquí? ¿Dejamos de ir al campo? ¿Qué hacemos?

En mi opinión, “de perdidos al río”. Sólo conozco a un entrenador lo suficientemente “loco” para aceptar coger las riendas de un equipo acabado como el nuestro y salvarnos del “infierno”. Es pedir un milagro, pero él quizá sea capaz de lograrlo. ¿Adivinan su nombrre? Luis Fernández. Sabe de fútbol, mucho Tiene carácter y personalidad, le sobra, y además, lo que hoy nos parece un sueño, una quimera, él ya lo ha logrado.

Luis Fernández en una imagen de archivo / Getty Images

¿Y si no lo consigue? Pues miren, seguro que veremos más fútbol del que hemos visto en todo el año, las ruedas de prensa serán más distraídas, y seguramente pondrá en el campo a los que vea técnica y anímicamente mejor preparados para luchar por la victoria. Le va a dar igual si son jóvenes o veteranos, jugarán los mejores. Y el primer día posiblemente reúna a la plantilla y les diga que tienen 11 partidos por jugar y 6 puntos de desventaja para “subir” a primera, porque en segunda ya están jugando desde hace meses.

Esta es la gran duda; ¿nos seguimos arrastrando con más pena que otra cosa por los campos de primera hasta que las matemáticas certifiquen lo inevitable, o tomamos en apariencia la decisión más descabellada posible? Yo me apunto a lo segundo sin dudarlo. Prefiero soñar a rendirme, creer que los milagros son posibles, poner mi granito de arena cada domingo para después de 11 partidos poder decir con la cabeza bien alta; “yo fui uno de los que ayudó a que lo que parecía imposible se hiciese realidad”.

Sólo necesitamos a un “loco” que nos guíe, que nos haga creer.